Al resolver un caso de violencia de género, uno de los antecedentes de hecho de la sentencia 33/2011, de 5 de diciembre, del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña mencionó que los Mossos d'Esquadra (la policía autonómica catalana) realizaron una inspección ocular procediendo a aplicar reactivos químicos (Bluestar) al efecto de poder visualizar si había sangre, dando positivo e informando las médicos forenses que dicha cantidad de sangre era incompatible con la vida. Gracias a las series de televisión –y, en especial, a la franquicia de CSI en Las Vegas, Miami y Nueva York– nos hemos acostumbrado a ver cómo los departamentos de criminalística esparcen cantidades ingentes de luminol como reactivo para hallar restos biológicos de sangre. Entonces, ¿qué es el BlueStar? En el fondo documental del CENDOJ –donde recuerda que puedes consultar, gratuitamente, la jurisprudencia española– esta resolución del TSJ de Cataluña es la única sentencia que lo menciona.

La identificación humana ha sido uno de los principales aspectos que interesan los humanos desde diversas áreas del conocimiento; la filiación y el sentido social y  de pertenencia a determinado grupo de persona, nos convierte en una de las especies animales que más interacciones ecológicas puede presentar en la biosfera. Son diversos puntos de interés que versan sobre la identificación y la filiación humanas, pero principales en el objeto de estudio es el hecho de atribuir diversas características que van de lo general a lo particular, atribuyendo en cada nivel diversas estructuras, formas, tamaños, colores, pensamientos, ideas, nombres y por supuesto el nivel biológico.

El caso Rojas y la huella de sangre pioneraCuando llegó la policía, encontraron la única habitación de la casa cerrada a cal y canto; las ventanas tenían los pestillos echados y la puerta estaba atrancada con el mango de una pala. Lograron forzar la entrada a patadas y encontraron el suelo de barro cubierto de sangre y los cuerpos de los niños –Ponciano Caraballo, de 6 años, y su hermana Felisa, de 4– degollados sobre la cama, al lado de su madre, Francisca Rojas, que sangraba abundantemente por una herida abierta en el cuello pero a salvo para inculpar a su vecino, Ramón Velázquez.