Que en España está prohibido el uso de la cartuchería de punta hueca (PH) es una mentira muchas veces repetida que no por ello va a tomar carácter de veracidad. Se oye de boca de comunicadores televisivos y también, y esto es muy lamentable, de boca de muchos integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (FYCS). A los primeros tal vez se les pueda disculpar el tremendo error que comenten al aseverar tamaña absurdez, pero se me antoja que es imperdonable en el caso de los policías, más aún cuando muchos de los que en tales términos se expresan son, según un diploma, instructores de tiro y, por tanto, expertos en la materia. Por cierto, cuando los primeros expresan sus equivocadas opiniones a estos respectos lo hacen por la contaminada influencia de los segundos.

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Wild Bill Hickok(1)? Sin duda alguna,  Hickok es uno de los personajes más famosos de la era del Salvaje Oeste Norteamericano. Nuestro protagonista se hizo famoso por ser agente de la ley en varias localidades, aunque cuando obtuvo el empleo de comisario en Abilene (Kansas) fue cuando más celebridad adquirió en la profesión. También en la sociedad. El Estado de Kansas era un área geográfica muy peligrosa en esa época, quizá como todos los territorios de la denominada, la Frontera.

 

Resumen:

En pleno siglo XXI el francotirador sigue siendo una pieza esencial de los ejércitos modernos o de las unidades policiales de élite, en su versión civil. Los progresos técnicos y las nuevas necesidades ponen de manifiesto su valor estratégico y de seguridad. El presente trabajo plantea de forma somera algunos de esos factores lo cual posiblemente permitirá al lector acercarse a una visión actual del tema.

Abstract:

In the XXI century the sniper is still an essential part of modern military or elite police units in its civilian version. Technical developments and new requirements demonstrate its strategic value and security. This paper discusses in passing some of those factors which may enable the reader to approach a current view of the subject.

Este es un tema muy interesante y que no todos los profesionales conocen profundamente, de ahí la cantidad de errores que se suelen cometer a la hora de hacer referencia a un cartucho o calibre determinado.

El error más habitual se detecta en conversaciones entre agentes de policía, sean del cuerpo que sean. El tema es muy desconocido entre los profesionales del ramo, sin que la pertenencia a determinados cuerpos o unidades pueda atribuir maestría y dominio del asunto. Sorprendentemente, incluso entre los armeros profesionales existe desconocimiento del tema, lo cual provoca no pocos malentendidos. También es habitual oír en televisión, y en los demás medios de prensa, como profesionales de la información dicen verdaderas barbaridades al hablar del arma y/o cartucho que determinados delincuentes, o agentes de policía, usaron en la acción protagonista de la noticia.

Tener amigos de tal nivel humano y profesional no tiene precio. Me refiero a Cecilio Andrade, aquel que hace años me dijo que lo llamara como ya hacen sus hermanos de sangre y pólvora, la gente a la que quiere y respeta; pero es que no me acostumbro a ello, por eso empleo siempre su filiación simple.

Entre los profesionales del tiro policial se escribe y se debate mucho sobre las heridas provocadas por las armas de fuego. El fin de los disparos policiales es, casi siempre, provocar la incapacitación de una persona de la forma más inmediata posible. No es fácil. Existen muchas teorías al respecto. Algunos consideran que el calibre del arma es lo más importante. Otros creen que el tipo de proyectil, su peso y velocidad son los únicos factores que se deben tener presentes a la hora de provocar, con uno o pocos impactos, heridas que lleven a un adversario al “fuera de combate rápido”. Por cierto, desde el punto de vista policial lo que siempre se pretende es parar o detener una agresión hostil grave. Nunca se pretende acabar con una vida, si bien esto último nunca será controlado por el sujeto activo del disparo.

El Sábado 1 de Diciembre, el jugador profesional de fútbol americano Jovan Belcher (25) disparó a su novia, Kasandra Perkins (22), causándole la muerte. Después, ese mismo día, Belcher fue a encontrarse con su entrenador y con el gerente del equipo (los Chiefs de Kansas City). Les agradeció la oportunidad que le dieron en el mundo del deporte, y enfrente de varias personas, se quitó la vida con la misma pistola que había usado contra su pareja.

La tragedia se hizo eco a través de los medios de comunicación. La gerencia de los Chiefs de Kansas City y los directivos de la Liga Nacional de Fútbol (NFL) decidieron proseguir con la agenda predeterminada; el equipo de Belcher jugaba un partido el Domingo... y lo jugó.