Ernesto Pérez Vera

Ernesto Pérez Vera

Instructor de tiro (policía retirado)

Que en España está prohibido el uso de la cartuchería de punta hueca (PH) es una mentira muchas veces repetida que no por ello va a tomar carácter de veracidad. Se oye de boca de comunicadores televisivos y también, y esto es muy lamentable, de boca de muchos integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (FYCS). A los primeros tal vez se les pueda disculpar el tremendo error que comenten al aseverar tamaña absurdez, pero se me antoja que es imperdonable en el caso de los policías, más aún cuando muchos de los que en tales términos se expresan son, según un diploma, instructores de tiro y, por tanto, expertos en la materia. Por cierto, cuando los primeros expresan sus equivocadas opiniones a estos respectos lo hacen por la contaminada influencia de los segundos.

Hoy traigo a Criminología y Justicia un artículo que no está escrito por mí sino por un lector de mis trabajos que es, ya, amigo mío. Pepe Moreno es agente de la Escala Básica del Cuerpo Nacional de Policía (CNP). No es nuevo en esto: ingresó en el Cuerpo antes de que este fuese una fuerza civil, por lo que hoy se encuentra, debido a su edad, próximo al final de su carrera policial. Moreno ha trabajado en las ciudades más grandes del país en los momentos más duros del terrorismo de ETA, años que coinciden, además, con etapas de muchas incidencias armadas con delincuentes comunes (atracos diarios). No conozco a Pepe más que de leer sus atentos comentarios en mi blog y de aprender de sus amplios correos electrónicos. Pero a decir verdad ya le he puesto cara: en mayo tuvo a bien realizar varios cientos de kilómetros para estar en la presentación de En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados. Aquel evento, el primer acto de presentación de la obra, se celebró en la Escuela Nacional de Policía, en la academia del CNP. Atentos a lo que hoy nos cuenta Pepe, con quien me hubiese encantado compartir horas de radio-patrulla.

Ernesto Pérez Vera

Hoy doy a conocer una sentencia del Tribunal Supremo (TS) que debería ser conocida y recordada por miembros de la judicatura, jefes policiales, políticos y periodistas. La sentencia STS 6011/1994 emitida por la Sala de lo Penal del alto tribunal, magistrado ponente Excmo. Sr. don Justo Carrero Ramos, es para chuparse los dedos, como decimos en mi pueblo. La resolución me llega de la mano de José Moreno, amigo y compañero del Cuerpo Nacional de Policía (CNP), persona experimentada y comprometida. Gracias, Pepe. ¡Ah!, lo sé; esto es más de lo mismo, pero así debe ser hasta que todos los actores tengan las cosas claras.

Hay días y días. Muchas clases de días. Los que marcan son los principales, los que no se pueden olvidar. En nuestras vidas tenemos días que por la alegría que algo nos reporta no pueden ser olvidados nunca. Los hay que, por el contrario, viven siempre en nuestro recuerdo con pena, tristeza o nostalgia. Y finalmente están los que marcan “un antes y un después” en nuestras existencias. Todos tenemos de los tres.

Con frecuencia se debate sobre ello. Yo diría que es un tema de diario para los policías de nuestro país. Se habla de esto en las galerías de tiro y armerías de los cuerpos de seguridad y sobre todo, incluso más que en las líneas de tiro, en el café de inicio del turno de trabajo. ¿Verdad que no me desvío mucho? Yo mismo dediqué en 2012 un amplio artículo al asunto. Me estoy refiriendo al empleo de armas largas por parte de los agentes de seguridad ciudadana pura y dura. De los que patrullan las calles de nuestras ciudades. Esos que lo mismo se acercan a un incendio, robo, accidente de tráfico, riña doméstica o pelea discotequera, que igual se llevan con la grúa un coche mal estacionado o le hacen el test de ingesta de alcohol a un malnacido conductor bebido.

Hoy cumples 22 años, no está nada mal. ¡Felicidades! Naciste sin esperanza de vida, pero aquí estás entre los que te parieron y criticaron. Incompatible con la vida, dijeron algunos. Por lo que dicen, parece que pronto te van a sustituir. La nueva vendrá con el mismo mal pie que tú, vilipendiada de antemano por su progenitor A y abrazada y amamantada por su progenitor B. Te pondrán un mote, si es que no lo tienes ya. Puede que incluso algunos de los tuyos renieguen de ti, en algún momento, si esto les trae rédito político o mediático. A la anterior le llamaron de todo, que si Ley Corcuera, que si Ley de la Patada en la Puerta, que si no sé qué, que qué sé yo... que yo qué sé. Pero vamos, que tras pasar por el quirófano parlamentario y judicial, para una simple operación de fimosis estética, te asentaste bien entre casi todos. Te felicito también por ello.

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Wild Bill Hickok(1)? Sin duda alguna,  Hickok es uno de los personajes más famosos de la era del Salvaje Oeste Norteamericano. Nuestro protagonista se hizo famoso por ser agente de la ley en varias localidades, aunque cuando obtuvo el empleo de comisario en Abilene (Kansas) fue cuando más celebridad adquirió en la profesión. También en la sociedad. El Estado de Kansas era un área geográfica muy peligrosa en esa época, quizá como todos los territorios de la denominada, la Frontera.

En los medios de prensa se oye, continuamente, que la munición de punta hueca está totalmente prohibida en España. Algunos creen que incluso son ilegales para los propios agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad (FYCS). No solamente los informadores se manifiestan en esos términos, sino que es también frecuente oír la misma afirmación de boca de policías e instructores de tiro de las propias fuerzas. Todos se equivocan, pero también todo tiene sus matices. Hasta cierto punto es comprensible que los periodistas cometan esos errores, pues se meten en pantanos de fango de los que no pueden o no saben salir. Hay que comprenderlo porque ellos no son ni juristas, ni profesionales de las armas y la seguridad. Más justificación tiene el error cuando se descubre al público que la fuente periodística es un miembro de la comunidad policial. A los policías, tengan la categoría profesional que tenga y sean del cuerpo que sean, se les suele considerar expertos en determinadas materias, principalmente en armamento, tiro, cartuchería y balística. Estas consideraciones suelen hacerse con ligereza y a veces con frivolidad.

Es longevo. Ya ha cumplido once decenios y sigue entre nosotros. Y pese a que a veces le regañamos, quiere seguir aquí. Hablo del cartucho metálico que ocupa los cargadores de la inmensa mayoría de pistolas de este país y de más de medio mundo: el mítico 9 mm Parabellum. Vino a ser, con tal apellido, el segundo hijo de aquella familia encabezada por Georg Luger. El austriaco Johann Georg Luger nacido el 6 de marzo de 1849. En 1900 desarrolló, cuando contaba con cincuenta y un años de edad, a su hijo mayor, el 7,65 mm Parabellum (.30 Luger). Un verdadero desconocido para quienes son usuarios obligados de armas.

Hace unos días me preguntó un conocido que si los controles de tráfico que hacían los agentes de la Policía Local (PL) de su ciudad eran legales. Dijo que eran una molestia para los ciudadanos de orden. Al parecer lo entretuvieron unos treinta segundos en las inmediaciones del Corte Inglés, cuando él circulaba en dirección a su domicilio. Dice que solamente le pidieron el permiso de conducir (mal llamado carné de conducir) y que tras mostrarlo le dijeron que podía continuar. Lo normal: el ciudadano respondió bien al legítimo requerimiento de un agente de la autoridad, no presentaba caracteres sospechosos en su persona o vehículo y por eso se pasó al “gracias, señor, puede usted continuar”. Al parecer ni en la zona de registro lo llegaron a meter. Intuyo que habría poco tráfico y que el policía que hacía funciones de selección hizo la somera comprobación de indicios.

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