Hoy a 40 años del inicio de las desapariciones, torturas y muertes de muchos chilenos a manos de los aparatos estatales con que el régimen autoritario comandado por Pinochet quiso aniquilar a toda persona que estuviera contra sus ideas dictatoriales, la televisión en un acto tardío, nos muestra las imágenes ayer vedadas. El horror y la indignación las une en un vínculo indeleble, con independencia de los programas en que se insertan y del énfasis temático que cada director ha intentado con ellas. Todas proyectan la barbarie desatada, como si obedecieran a un guión de fondo, de un historiador anónimo que desea describir de forma gráfica, los cruentos hechos provocados por el golpe de Estado, a través del cual se pisoteo la institucionalidad. Muchas son difusas, pero tienen la valía de rescatar partes de un mosaico terrible, en que sobrecoge el desprecio por lo humano.

Ruth, de 6 años y José, de 2 años, desaparecieron en la tarde de este sábado como por arte de magia, sin más datos, sin más explicación. Sus padres –con un trasfondo sentimental roto- se afanan por encontrar a sus hijos con vida, pero también por demostrar su inocencia (más bien lo contrario, que no se demuestre su culpabilidad). La desaparición se produjo en Córdoba, según la denuncia del padre, que era el que respondía de ellos en esos momentos, al encontrarse según él, en el parque Cruz Conde. Los niños vivían con su madre en Huelva.