En febrero de 2007, los medios de prensa taurina se hicieron eco de una hipótesis lanzada por el entonces Director del Departamento de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid.

   Basándose en las respuestas del sistema neuroendocrino (nervioso y hormonal) del toro después de la lidia, estudiadas tras su muerte en el ruedo, este veterinario afirmó que estos animales habían producido durante la corrida grandes cantidades de unas sustancias que reciben el nombre de betaendorfinas. Gracias a esta alta producción de hormonas llegó a afirmar que el toro, durante la lidia, era capaz de neutralizar el dolor y el estrés al que estaba siendo sometido.