Martes, 26 de abril

Miro el papelucho de la segunda comunicación. El jueves a las 10 de la mañana he de estar listo y arreglado para recibir a mi parienta y a mi madre; quizás también aparezca el viejo, aunque lo dudo. Parece ser que esta encabronado conmigo. A mi peque, bueno…, no me queda otra que hablar con él casi a diario por teléfono. La madre no lo trae y me he de conformar con un, ¿cómo estás, mi amor?, ¿qué tal el cole?, y tus amigos, ¿tienes muchos?, ¿comes bien? Y otra serie de preguntas que en un minuto, a los sumo dos, he de soltar al pobre niño que apenas balbucea las respuestas y siempre termina con las mismas dudas:

Lunes, 25 de abril

Ahora me pispo. Por fin comprendo lo que significa pasar unas fiestas entalegado. Y para joder más la marrana, con un tiempo de mierda; no ha parado de llover. Además, el vis del miércoles con Pati me dejó jodido. Encima, sin follar. Lo primero de lo que se pisparon los compis cuando llegué alpatio fue de mi cuello. No entendía nada.

Viernes, 08 de abril

He llorado toda la noche como un descosido. Creo que el porro ha colaborado en ello. Me he sentido tan solo, desamparado, sin nadie con quien conversar… Nunca pensé, que con apenas un mes de residencia en esta casa, pudiera echar tanto de menos mi celda, mi patio y a mis compis. Estoy desarraigado en este módulo. No tengo nada ni a nadie. Y por la noche me como la sesera pensando en mi familia, en la libertad, en mis amigos…, y lloro.

Miércoles, 06 de abril

Hoy ha salido el padre de los Jiménez de permiso. Es un gitano de pro, que vive en este módulo con su hijo menor. Otro de sus churumbeles, el primogénito, se encuentra encerrado en uno de los módulos duros por dos asesinatos. El padre es un cabrón. Todos los días se lía a hostias con Enrique, su hijo, con el que comparte módulo y chabolo. Pero es que Enrique se coloca a diario con el caballo. Me da lástima. Al viejo le trae al pairo que todos estemos presentes mientras lo hostia, y Enrique, ni mú, ni protesta ni alza la mano.

Martes, 05 de abril

Camino con el gallego. Todos los días transitamos a una velocidad de crucero constante. Aunque hoy se dificulta por la lluvia de meteoritos que invade el patio. Lo había visto con anterioridad, pero de lejos, sin sufrirlo en propia carne. Hoy evité ser alcanzado por unos de esos misiles tierra-aire-tierra al escuchar:

-¡Ojo, compi, pila!