Este artículo surge catapultado por la lectura que mi amigo Carlos Pérez Vaquero publicara en este mismo Web el miércoles 16 de febrero de 2011 y que se titula “El lunfardo: dialecto de ladrones”. Además, tiene una base filológica porque, en efecto, cada círculo social tiene su propio argot. Los habitantes de cada nación tienen su propio lenguaje. Más aún, por regiones, la jerigonza no es igual incluso en un mismo país. México es un ejemplo de ello.