No hace mucho, durante el desfile de carrozas de las Fiestas Patronales de Molina de Segura, una frágil niña de 8 años era atropellada por una carroza, y digo carroza para que usted lo entienda porque menos carroza es de todo. Son verdaderos camiones pesados, lobos disfrazados de cordero, que circulan a baja velocidad por las coloridas calles de la ciudad. A bordo de estas carrozas parece que se pierde el respeto, la educación y el límite en la ingesta de alcohol. La excusa es la misma siempre “estamos en fiestas”, como si ese fuese el motivo que evita que mueras por intoxicación etílica o por accidente de tráfico. ‘Nunca pasa nada’ o eso cree la gente, porque sí que pasa.