Aunado a la sobrepoblación y al hacinamiento, el servicio médico que se brinda dentro de los centros penitenciarios, es deficiente. Carencia o desabasto de mobiliario, equipo, instrumental, insumos; plantilla insuficiente; constituyen la realidad del servicio médico dentro de los reclusorios.

En su mayoría los centros de reclusión  proporcionan atención de primer nivel[1], cuando se requiere de un servicio más especializado, los internos son trasladados a centros públicos de salud, con las limitaciones y conflictos que éstos  suponen; los internos deben esperar largos periodos de tiempo para ser intervenidos y tratados, sin mencionar que para realizar dichos traslados así como durante el tiempo que el interno se encuentra en los centros médicos, se requiere de personal de seguridad y custodia, quienes son destinados en un primer momento para velar por la seguridad de los centros penitenciarios. Cabe mencionar que han existido fugas durante dichos traslados o en los centros de salud.

Como ya se expuso anteriormente el sistema penitenciario mexicano se encuentra sobrepoblado, pero ello no constituye un problema aislado; trae consigo un sin fin de aspectos negativos que afectan las condiciones de internamiento así como las posibilidades de un tratamiento individualizado para los reos. La sobrepoblación varía de acuerdo al estado, de las 32 entidades federativas, 8 presentan una sobrepoblación mayor a 50% (D.F. 88,33%, Estado de México 74,03%, Jalisco 73,15%,  Nayarit 72,32%, Morelos 60,84%, Tabasco 57,26%, Sonora 50,44%, Hidalgo 50,38%) y 10 cuentan con una sobrepoblación que oscila entre 1,40% y 50%. [1]