Desde hace tiempo existe el conocimiento de que hay una relación negativa entre el desempleo y la salud. (Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, 2012).

Para muchas personas el trabajo es una seña de identidad, por la que encontrar un lugar en la sociedad. Gracias a él, podemos sentirnos útiles, sentir que nos proporciona un status social, entenderlo como un medio para entrar a formar parte de la dinámica de la vida, ser así participes y desempeñar un rol social con el que identificarse.

Aunado a la sobrepoblación y al hacinamiento, el servicio médico que se brinda dentro de los centros penitenciarios, es deficiente. Carencia o desabasto de mobiliario, equipo, instrumental, insumos; plantilla insuficiente; constituyen la realidad del servicio médico dentro de los reclusorios.

En su mayoría los centros de reclusión  proporcionan atención de primer nivel[1], cuando se requiere de un servicio más especializado, los internos son trasladados a centros públicos de salud, con las limitaciones y conflictos que éstos  suponen; los internos deben esperar largos periodos de tiempo para ser intervenidos y tratados, sin mencionar que para realizar dichos traslados así como durante el tiempo que el interno se encuentra en los centros médicos, se requiere de personal de seguridad y custodia, quienes son destinados en un primer momento para velar por la seguridad de los centros penitenciarios. Cabe mencionar que han existido fugas durante dichos traslados o en los centros de salud.