El homo criminis se encuentra en la cúspide del ser-antisocial, evidentemente Bin Laden, es producto del ejercicio del libre albedrío en la búsqueda de mantener el terror mediante actos lesivos que provocan el sofocamiento social, ocasionando el surgimiento de un estado de violencia constante, violencia que se ve justificada por una ideología basada en el fanatismo y en el lavado de cerebro de sus adeptos, en el que la divinidad es el motor que les ínsita al sacrificio de sus propias vidas, en nombre de un honor aparente que les llena de “gloria”.