Las intrigas palaciegas y los crímenes orquestados por grupos de conspiradores son algo del pasado. En nuestro imaginario colectivo podemos recrear mentalmente un crimen llevado a cabo entre nobles y labriegos, héroes y villanos.

Sin embargo, nadie sería capaz de imaginar a un poderoso miembro de la nobleza suiza sucumbir ante un gigantesco oso de peluche.