Por qué delinquen las mujeres. Teorías intermedias. Otto Pollack. Gisela Konopka. John Cowie

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TEORÍA DE OTTO POLLACK

Otto Pollack en su libro “The criminality of women” sentó las bases de la llamada teoría del tratamiento diferenciado que defiende que la mujer recibe un tratamiento mucho más benigno que el hombre tanto por la policía como por parte del poder judicial y las instituciones penitenciarias, haciendo que su delincuencia sea más oculta al tener un carácter enmascarado, su premisa parte de que la delincuencia que comete la mujer se relaciona con delitos que se suelen cometer muy raramente (por ello son cometidos por mujeres) con lo que estadísticamente se detienen a muchas menos mujeres que a hombres y cuando esto sucede se manifiesta una gran comprensión hacia sus delitos por parte de todos los estamentos del sistema legal.

La teoría promueve que en realidad la criminalidad de la mujer es mucho mayor de lo que los números nos revelan ya que ellas son las auténticas instigadoras de los delitos cometidos por los hombres, desempeñan la labor de ser el cerebro organizador de la delincuencia masculina al utilizar a los hombres para poder delinquir.

Retoma la idea de los actos delictivos cometidos bajo las crisis catameniales que sufre la mujer y que él denomina fases degenerativas (menstruación, embarazo y menopausia) y utiliza el concepto de equilibrio de necesidades o inhibición interna para justificar que el delito de la mujer es un acto totalmente natural si lo comete durante el periodo menstrual ya que es una venganza al confirmarse de tal manera su status inferior; retoma la consideración de la mujer como ser vengativo, falso y mentiroso debido tanto por su pasividad sexual como por la represión que sufre por parte del hombre.

Todas las afirmaciones que Pollack arrojó en su teoría no tenían ninguna base científica y se basaban en prejuicios sociales y morales (como la continua visión heredada de la mujer como un ser malvado y manipulador del hombre cándido o el mantenimiento de la creencia de su degeneración física y psicológica debido al ciclo menstrual que hace a la mujer inestable) y en especulaciones que no pudo llegar a probar como que los estamentos judiciales y policiales fueran más benevolentes con ellas, afirmación esta que la teoría del control social se encargó de desmontar.

 

LA TESIS DE KONOPKA

Gisela Konopka pretende rechazar las concepciones biologicistas y lombrosianas enfatizando el papel fundamental que juega el control social y la necesidad de un tratamiento que evite un desajuste individual que desemboque en transgresión; sin embargo en su exposición se olvida completamente de las causas sociales que llevan a la existencia de conductas delictivas como la pobreza, la educación inadecuada, el sistema legal, etc.

Establece un esquema de la delincuencia en la mujer desde la adolescencia y así partiendo de una serie de aspectos que ella considera específicos y significativos como la violenta aparición biológica de la pubertad o el complejo proceso de identificación llega a componer una serie de condiciones que abren el camino hacia la delincuencia: el miedo y el resentimiento que nacen en la adolescente con la pubertad hace que rechace su propia feminidad y comience a experimentar actividades sexuales con personas del mismo sexo o del sexo contrario, además su pertenencia a la clase baja y su fracaso escolar hace que no tenga elección vocacional que la lleva a rechazar el trabajo al no poseer preparación, naciendo en ella deseos de venganza y odio que culminan con el rechazo a la sociedad en la que vive y la violación de las leyes tradicionales.

Una nueva teoría basada en los deseos de venganza y odio de las mujeres y su desmedido apetito sexual (que aquí nacen en la adolescencia) conjugándolo vagamente con la baja clase social y el fracaso educativo, continuación de las creencias y prejuicios sociales que aún existían hacia las mujeres y la clase social.

 

EL ESTUDIO DE COWIE, SLATER Y COWIE

John Cowie junto con su mujer Valerie y Eliot Slater elaboró una teoría sobre la delincuencia femenina situada en el camino de retorno al concepto biologicista desde las incipientes perspectivas sociales que intentaban abrirse camino.

En su planteamiento razonan que la criminalidad es un signo de patología utilizando lo que denominaron inteligencia defectuosa, para su detección observan las anormalidades manifestadas en el sistema nervioso central y en la mala salud física de las mujeres delincuentes, concluyendo que el desarrollo de la vida en condiciones precarias y la dificultad de acceder legítimamente al patrón de vida perfecto que representa la clase media lleva a un comportamiento criminal en la mujer.

A pesar de que intentan dar una explicación social de la delincuencia en su teoría lo que juega como desencadenante de la conducta desviada es la patología biológica y no el ambiente social pues concluyen que el carácter dócil y sufrido que se le presupone a la mujer hace que ésta no se vea afectada por la situación social adversa sino que únicamente cuando tiene una patología biológica es cuando estos agentes sociales adversos influyen en su conducta haciéndola criminal.

Los autores quieren dotar a su tesis de las perspectivas sociales que comenzaban a emerger en el estudio de la delincuencia femenina y alejarla de la teoría biologicista pero no consiguen evitar que su planteamiento mantenga el halo de prejuicio y falacia que todavía en esta época se mantenía con respecto a la mujer, tanto delincuente como no.

Hemos visto que los estudios aquí expuestos intentaron ajustar sus ideas sobre la delincuencia femenina al espíritu de tratamiento que comenzaba a mostrarse necesario, pero en realidad no consiguieron eliminar la influencia biologicista que hacía que sus teorías estuvieran más cerca de las tesis trasnochadas de Lombroso que de las nuevas corrientes de pensamiento que poco a poco se iban implantando.

Last modified on Thursday, 13 September 2012 21:26
Ruth Alvarado Sánchez

Doctora en Sociología, especializada en desviación social y género.

Especialista en Investigación Criminal.

Apasionada de la justicia y la igualdad.

Intentando continuar la estela de las grandes mujeres y excepcionales penalistas Doña Concepción Arenal y Doña Victoria Kent en la creencia de que el delincuente (y la delincuente) es una persona y por ello su comportamiento y sus necesidades deben ser estudiados, conocidos y de ser posible (en la medida de lo posible) dar una respuesta y solución.