Después de que la delincuencia fuera explicada única y exclusivamente desde el punto de vista biológico, se dio una vuelta de tuerca al enfoque criminalístico añadiendo la perspectiva de la tradición liberal.

Este nuevo enfoque liberalista se caracteriza por la individualización de los conflictos sociales, lo que lleva a proponer como solución al problema del delito la existencia de un tratamiento, de esta manera se comienza a percibir al delincuente como un ser enfermo, centrando la esencia de las infracciones no en la sociedad sino en el propio individuo.