Dentro del pensamiento ilustrado surge el primer intento de explicación científica de la criminalidad femenina. Estos autores siguen la escuela positivista que concibe el delito como un hecho de la naturaleza y que como tal debe ser estudiado, niegan el “libre albedrío” al considerar que hay una serie de circunstancias físicas o sociales, intrínsecas y extrínsecas que encaminan al hombre a delinquir, lo que le hace responsable socialmente de sus actos por el simple hecho de vivir en sociedad.

Se caracterizan por utilizar el método científico inductivo-experimental a través del cual observan a las mujeres no delincuentes, a las prostitutas y a las delincuentes, conformando una tipología criminal basada en características orgánicas, psíquicas, hereditarias o adquiridas y estructuran una teoría que explica el porqué la mujer llega o no al delito.

El antropólogo Marvin Harris (Antropología cultural, Alianza Editorial, Madrid, 1990) considera que el matrimonio plural –es decir, la poligamia– se da en alguna medida, como mínimo, en el 90 por ciento de todas las culturas. En una forma, llamada poliginia, el marido es compartido por varias esposas; y en otra forma, mucho menos común, denominada poliandria, la esposa es compartida por varios maridos. Desde ese planteamiento antropológico, se puede afirmar que la poligamia ha existido desde la antigüedad más remota en culturas de todas las épocas y de todo el mundo: desde Mesopotamia, el Antiguo Egipto, Fenicia o Persia hasta los nativos de Australia, el Sahel africano, la India o las islas del Pacífico.