Francisco Caamaño, ministro de Justicia

El Ministerio de Justicia ha emitido un breve comunicado en el que expresaba su respeto a la sentencia que poco antes había dictado el Pleno del Tribunal Constitucional tras el recurso de amparo presentado por Bildu.

Siempre he pensado que existe separación de poderes en nuestro país, que hay poder legislativo, un ejecutivo y un judicial. Sin embargo, últimamente estoy empezando a dudarlo.

Partiendo de la base de que los miembros del máximo órgano de gobierno de los jueces son elegidos por las cámaras parlamentarias y que los partidos mayoritarios y minoritarios tienen una "lucha" por meter en él, a sus teóricos más "aptos" o más bien adeptos a sus ideología, esto ya indica desgraciadamente que más que separación lo que hay es una sútil conexión de poderes ( aunque sobre estos temas hablaré con toda seguridad en otra ocasión).

Lo que realmente me preocupa hoy son las prisas con las que se hacen las reformas y la poca seriedad a la hora de hacer la valoración de estas y su evolución. Como ejemplo de actualidad, puedo hablar de la nueva "oficina judicial", sí, esta que nos han vendido como la gran apuesta por la modernización y agilización de la justicia.

La metáfora de los niños y la justicia
Amartya Sen -un célebre filósofo indio y premio Nóbel de economía- cuenta en su libro The Idea of Justice la siguiente metáfora: dos niñas y un niño discuten sobre quién de los tres debe quedarse con una flauta: Anne cree que debe ser suya porque ella es la única que sabe tocarla; Bob la quiere porque es pobre y no tiene nada más y, finalmente, Carla trata de convencer a sus amigos de que la flauta debe ser suya porque fue ella quien la fabricó. ¿Quién debería quedarse el instrumento?

Actualmente al menos en nuestro país hay una excesiva judicialización de los conflictos. Cualquier problema por nimio que sea es susceptible de acabar en los tribunales en forma de juicio de faltas. Esto supone que los juzgados se colapsan con asuntos menores en una proporción evidentemente apabullante de un 30% de delitos y un 70% de faltas.

Muchos de estos casos son problemas derivados de la convivencia vecinal, amistades que se rompen...en definitiva conflictos licitos y normales como seres humanos que somos y que llegan al sistema judicial penal en forma de insultos, amenazas, pequeñas peleas. (Nuestra mentalidad ha cambiado, con el devenir de los tiempos, pues hace unos años no tantos, por ejemplo , que el vecino,  te llamara fea y gorda, podía afectar en lo más intimo de tu orgullo y por supuesto que con seguridad  jamás volvías a dirigirle la palabra, pero era algo que quedaba ahí y como mucho en una retaila de insultos hacia su persona como compensación...ahora claramente se va a denunciar porque se cree que el juez restaurará el honor mancillado por este vecino).

Aunque esto no es el mayor problema, el gran disgusto es que las personas creen que en un juicio van a encontrar la solución definitiva al tema, creen que van a poder explicar al juez con lujo de detalles por qué ha sucedido los hechos, la relacion con el contendiente, incluso que podrán narrar de forma exhaustiva la evolución de su relación con la otra parte....en definitiva tienen tantas esperanzas en el juicio que es descorazonador ver que rara vez cubriran sus expectativas. ¿Por qué?

Como defensora de la Justicia Restaurativa siempre he pensado que la participación de los  directamente implicados en el delito en el proceso de justicia penal no solo  es beneficioso para ambos sino también para sus allegados. Asimismo la participación de la comunidad produce unos beneficios de magnitudes incalculables ya que el principal daño que produce un delito es la pérdida de confianza tanto a nivel personal como comunitario. Precisamente por eso la Justicia Restaurativa favorece la restauración de esta confianza así como una reparación material y moral de la víctima directa del delito.

Pero ¿qué ocurre cuando la participación de la comunidad se hace de forma mediática?

El sistema de Justicia Tradicional ( llama justicia retributiva) ha distanciado al infractor de la víctima, poniendo a esta última como un simple sujeto pasivo dentro de la comunidad, a pesar de ser la principal protagonista de un hecho que la afecta tan directamente como es el delito. El estado tal y como decía Christie, se apropia del conflicto,...

Llevo varios días acordándome de las palabras de Toni Canto, actor que recientemente perdió a su hija y el novio de esta, por un conductor ebrio. Cuando le escuché, automáticamente pensé que quería que el infractor pasara toda su vida en la cárcel, esperé resentimiento e ira en él...¡pero no!... Tan sólo dijo que para esta persona, su deseo era que se recuperara pronto y así tuviera fuerzas para afrontar lo que se le venía encima, ya que había quitado la vida a dos chicos jovenes.Esto que parece tan dificil de comprender en los tiempos que corren, se llama empatía, y es algo que la Justicia nos debería ayudar a alcanzar a todos los que en algún momento de nuestra vida podamos ser víctimas de un delito. Esta empatía puede ser el paso previo para el perdón, si, perdón....Reconozco que el fin último de la justicia no es este perdón, pero realmente una justicia justa, humana y eficaz ( como puede ser la llamada Justicia Restaurativa) puede ayudar a que este perdón surga.

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