Un nuevo acto de violencia salvaje asalta las portadas de los periódicos, abre telediarios y sacude nuestras conciencias, y de nuevo es una violación, también en grupo (los agresores) pero esta vez en un país del primer mundo (México) y esta vez a un grupo de mujeres que al igual que Jyoti Singh Pandey creían estar a salvo de esta barbarie por estar acompañadas de hombres, pero de nada sirvió y fueron cruel y brutalmente vejadas en la seguridad de su refugio vacacional.

Una de las noticias que sacudió el final de año fue la brutal violación de una joven a manos de seis hombres en un autobús en la India, después de horas de salvajismo simplemente tiraron su cuerpo del vehículo en marcha y esperaron que muriera; tras días luchando por su vida, su pequeño cuerpo destrozado no pudo resistir más y se unió a un corazón, un alma y unos sentimientos que ya habían matado.

Después supimos que no era el primer caso, que días antes otra niña se había suicidado tras no soportar la violación y el posterior trato recibido por las autoridades. Con esta crónica vinieron otras más plagadas de datos alarmantes: violaciones cada pocos minutos, inmunidad casi plena de los responsables, desprecio de las autoridades a las víctimas.... y todas estas noticias nos alarmaban y escandalizaban pero bueno... sucedían lejos, en países en vías de desarrollo, poco democráticos y que no conciben a las mujeres como personas iguales y con derechos.