¿A qué características hay que atender a la hora de clasificar a un asesino múltiple? ¿Es fácil hacerlo? ¿Dónde pueden trazarse las líneas que diferencien entre las distintas tipologías? ¿Para qué nos sirve clasificar a un homicida múltiple? Éstas son algunas de las cuestiones que trataré de abordar en las siguientes líneas. Pero antes de entrar en materia quiero aclarar que lo que a continuación expongo es un punto de vista y un razonamiento personal, lógicamente influido por la lectura de manuales y libros relacionados con la materia, que me han hecho llegar a unas conclusiones que pueden estar más o menos acertadas en función del pensamiento crítico de cada profesional.

Con 47 años, este médico londinense se convirtió en el primer perfilador criminal de la Historia y lo hizo entrando por la puerta grande al analizar, nada más y nada menos, que a Jack el Destripador; así que, como diría el asesino de Whitechapel, vayamos por partes. El Dr. Bond nació en Somerset en 1841, estudió medicina en Southampton y Londres antes de servir al ejército británico en el frente de la guerra con Prusia. De regreso a la capital del Támesis, fue nombrado cirujano de la Policía Metropolitana en Wéstminster y se encargó de algunos de los casos más famosos de su época, como el del camarero francés De Tourville que, en 1875, fue acusado de cometer diversos crímenes para introducirse en la Alta Sociedad; el médico demostró que la suegra del detenido no murió fortuitamente al mirar los cañones de una escopeta y accionar el gatillo por accidente sino que falleció como consecuencia de un disparo que recibió por la espalda.

Trece años más tarde, el célebre Jack comenzó a matar mujeres. El 25 de octubre de 1888, uno de los responsables de aquella investigación, sir Robert Anderson (1841-1918), escribió al médico pidiéndole que examinara post-mortem uno de los cuerpos de las víctimas para analizar los posibles conocimientos quirúrgicos del hábil asesino. El 10 de noviembre de aquel mismo año, el Dr. Bond le respondió explicándole que, en su opinión: (…) No dudo que los cinco asesinatos fueron cometidos por la misma mano. En los primeros cuatro las gargantas parecieran haber sido cortadas de izquierda a derecha, mientras que en el último caso, debido a la considerable mutilación, es imposible señalar en qué dirección se hizo la cortada, aunque se hallaron rastros de la sangre arterial sobre la pared en forma de salpicaduras, muy cerca de donde la cabeza de la mujer debió haber estado. Todas las circunstancias en torno a los asesinatos me llevan a deducir que las mujeres fueron asesinadas cuando se encontraban recostadas y, en todos los casos, la garganta fue cortada en primer lugar. El asesino, en su apariencia externa, es muy probable que sea de aspecto inofensivo. Un hombre de mediana edad, bien arreglado y de aire respetable. Puede tener el hábito de llevar capa o abrigo porque si no, la sangre de sus manos y ropas hubiera llamado la atención a los viandantes.

En 1901, aquejado de fuertes dolores, el Dr. Bond se suicidó arrojándose a la calle desde la ventana de su casa en Wéstminster, en un tercer piso. El mito de Jack el Destripador le sobrevivió y continúa hoy en día tan vivo como en 1888.

Consideraciones generales

El fenómeno de la serialidad criminal desde siempre ha presentado dificultades a las autoridades policiales en la resolución de los diversos casos. Si bien no entraremos en detalles de asesinos seriales en particular, sólo por mencionar algunos tales como Ted Bundy, John Wayne Gacy, Jeffrey Dhamer, se han cobrado una veintena y más de crímenes antes de ser apresados.

Es cierto que asesinos en serie ha habido a lo largo de la historia. De éstos se tienen registros de algunos, como Gilles de Rais, Galius, la Condesa Elizabeth Báthory. Igualmente, la denominación “asesino serial” no es tan vieja como el fenómeno, sino que se acerca mucho a la actualidad.

En el caso concreto de la elaboración de un perfil psicológico de un delincuente desconocido que ha cometido un crimen, la investigación pertinente pretenderá extraer conclusiones sobre algo desconocido (el delincuente) a partir de algo conocido (los indicios del delito), o lo que es lo mismo, pretenderá realizar inferencias a partir de éstos para llegar a aquél. Partiendo de la información obtenida en torno a un delito, se tratarán de inferir características de su posible perpetrador, de tal modo que esas conclusiones obtenidas permitan a los investigadores policiales restringir el conjunto de individuos sospechosos para proceder a una más pronta identificación y posterior detención del autor o autores del delito en cuestión.