Gestión del riesgo de violencia desde una perspectiva fenomenológica

May 11, 2012 4248
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Joe suele beber cuando está enfadado y se siente vulnerable, y gusta de ahogar las penas en solitario. Bebe para atenuar esas emociones, y hasta que no lo consigue no para de pedir una copa tras otra. Cuando, inesperadamente, su primo aparece enmedio de su ritual sobreviene en él una sensación de enfado y sentimientos hostiles sobre su llegada. Joe ha bebido mucho, y su primo lo compara con su padre, quien también solía abusar del alcohol. Joe reacciona violentamente agrediendo a su primo, que necesitó tratamiento médico.

Otro caso, el de Bobby, que bebe cuando está aburrido y tiene ganas de hacer amigos. Va en busca de sus amigos y también intenta entablar contacto con otras personas y hacerles bromas. Le gusta la sensación de embriaguez propia de la borrachera, que además le hace deshinibirse más de lo habitual. Es muy dado a invitar a la gente del local a beber algo. Sin embargo, cuando alguien rechaza su propuesta, Bobby se siente molesto y enfadado, y hace una broma de mal gusto al desconocido.Éste le da una bofetada a Bobby, provocando una reacción violenta del mismo que acaba lesionando al desconocido.

Dos situaciones contrapuestas sobre el abuso del alcohol y la violencia, expuestas a modo de ejemplo en un sensacional artículo publicado en el último número de la revista Agression and Violent Behavior, publicado este mismo mes, bajo el título Violence Risk: Re-defining variables from the first person perspective.
Los autores proponen una revisión en los instrumentos de evaluación de riesgo de violencia para aquellos individuos con enfermedades mentales (aunque bien puede ser aplicable a todo tipo de sujetos) que tenga en cuenta no solo los factores objetivos, sino también los criterios subjetivos que inducen al comportamiento violento. Me parece una propuesta interesante y muy necesaria. Los ejemplos mostrado pretenden dar a entender cómo una misma variable (el abuso de alcohol) denota unos estados emocionales muy diferentes según el caso, aunque luego deriven ambos en un mismo final.  
Yang y Mulvey exponen tres variables subjetivas sobre las que sería necesario incluir dentro de la evaluación de la predicción del riesgo de violencia: La percepción de una amenaza, la legitimización de la conducta violenta y el control de las emociones. Pueden haber otras, pero los autores han optado por estas en un primer esbozo.
Es evidente que la percepción del estado de cosas juega un papel fundamental en la realización del acto violento. Percibir un ambiente como amenazante aumenta nuestra hostilidad y,por ende, nuestras posibilidades de llevar a cabo un comportamiento violento. Así, según que personas perciben como amenazas  situaciones que para otras pueden no serlo. Pensemos en casos recientes como el de Breyvik: considera al liberalismo y al multiculturalismo como un peligro, como una amenaza para el futuro de Noruega, y a través de ello justificó la necesidad de ejercer la violencia.
Del mismo modo, no todos los individuos tenemos un mismo criterio sobre qué situaciones justifican el ejercicio de la violencia. Podemos dar cuenta de ello cada vez que se discute sobre la legítima defensa, o sobre las ocasiones en las que se reflexiona sobre la medida en que el Estado debe ejercer la violencia. Igualmente, las normas legales reciben un tratamiento más o menos respetuoso según cada individuo, que justifica la vulneración en base a alguna causa mayor.
Finalmente, focalizar la atención en la capacidad del sujeto de controlar las emociones ayuda claramente a conocer la potencial conducta violenta. Un menor control de estas deriva en una mayor impulsividad en todas sus acciones, sean o no violentas. La intensidad de según qué emociones también puede ser causante de un posible comportamiento violento.
Que hasta ahora los instrumentos de evaluación de riesgo de violencia no hayan centrado en exceso su atención en los criterios subjetivos indica que todavía queda un largo recorrido para poder apostar ciegamente por este tipo de herramientas que, sin embargo, deberían ser básicas en un futuro. Aunque la intuición profesional en muchas ocasiones es acertada en la toma de decisiones, instrumentos de evaluación más completos evitarán juicios y determinaciones sobre individuos que en algunos casos son desacertadas. Hay que dejar de apostar y empezar, directamente, a diagnosticar cuando un sujeto puede ser realmente violento. Probablemente nos ahorremos más de un disgusto. 

Jose Manuel Servera

Last modified on Friday, 14 September 2012 13:58
Jose Servera

Analista de entornos laborales. Director del Grupo Criminología y Justicia.

Mi experiencia profesional: Desde la finalización de mis estudios universitarios en 2009, mi experiencia profesional se ha basado fundamentalmente en la creación de proyectos personales, algo que se gestó por necesidad pero que se ha convertido en una adicción. Así, el primer proyecto fue Criminología y Justicia, la primera revista digital con contenido criminológico-jurídico en español. Tras esa primera experiencia enriquecedora han surgido entonces diferentes proyectos todos ellos enfocados al ámbito de la difusión de contenidos criminológicos dando lugar desde entonces a Criminología y Justicia MéxicoCriminólogos.euJobooksCrimibooks y ahora Anomics. En 2013 la Sociedad Mexicana de Criminología Capítulo Nuevo León me invitó a participar por primera vez en un congreso en México. A partir de ahí, he impartido charlas como “Emprendimiento Criminológico",“¿Tengo futuro como criminólogo?" y “Problemas y oportunidades de la aceleración tecnológica en criminología". También ha participado en diferentes jornadas de criminología en España, todas ellas relacionadas con la inserción laboral del criminólogo. Compagino además la creación y gestión de proyectos trabajando como tutor de grado de criminología en la Universitat Oberta de Catalunya. La primavera de 2014 publiqué mi primera obra, “Emprender en criminología", que llegó a situarse en el top 100 de ventas de Amazon y que puedes descargar gratuitamente en antitrabajo.com.

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