Probablemente la mayoría de ustedes hayan visto ya las imágenes del teatro que el señor Ratko Mladic (lo de señor lo digo por  educación, algo de lo que carece este hombre) montó ayer en el Tribunal de la Haya y que acabó con su expulsión de la sala.

De toda la escena una imagen me quedó grabada en la cabeza: el gesto de Mladic levantándo el pulgar con sorna a los familiares de las víctimas. Un gesto así solo puede calificarse de extremadamente cruel e inhumano. No es de extrañar luego que los familiares de las víctimas deseen en muchas ocasiones lo peor para el acusado, y es que ya no es solo el hecho de que no exista arrepentimiento por parte del autor de tales crímenes, sino que ni siquiera existe respeto alguno por el dolor de aquellos que han sufrido la pérdida de sus seres más queridos.

El 26 de mayo de 2011, el Presidente de Serbia, Boris Tadic, anunció públicamente la detención de Ratko Mladic y la tramitación del proceso de extradición a La Haya, sede el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (en adelante, TPIY)