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La mejor manera de predecir el futuro,

es creándolo.”

Abraham Lincoln.

 

“Click. Imprimir. Arma.”

 

Con el vertiginoso avance de las tecnologías del último siglo del que estamos siendo testigos, y por increíble y futurista que pueda parecer, la tecnología de impresión 3D ha superado con creces a la ciencia ficción, ya que a día de hoy esta tecnología hace posible fabricar casi cualquier objeto físico con tan solo pulsar una tecla, transformando un diseño o un modelo digital en una realidad tangible formada por plástico.

Hoy traigo a Criminología y Justicia un artículo que no está escrito por mí sino por un lector de mis trabajos que es, ya, amigo mío. Pepe Moreno es agente de la Escala Básica del Cuerpo Nacional de Policía (CNP). No es nuevo en esto: ingresó en el Cuerpo antes de que este fuese una fuerza civil, por lo que hoy se encuentra, debido a su edad, próximo al final de su carrera policial. Moreno ha trabajado en las ciudades más grandes del país en los momentos más duros del terrorismo de ETA, años que coinciden, además, con etapas de muchas incidencias armadas con delincuentes comunes (atracos diarios). No conozco a Pepe más que de leer sus atentos comentarios en mi blog y de aprender de sus amplios correos electrónicos. Pero a decir verdad ya le he puesto cara: en mayo tuvo a bien realizar varios cientos de kilómetros para estar en la presentación de En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados. Aquel evento, el primer acto de presentación de la obra, se celebró en la Escuela Nacional de Policía, en la academia del CNP. Atentos a lo que hoy nos cuenta Pepe, con quien me hubiese encantado compartir horas de radio-patrulla.

Ernesto Pérez Vera

Con frecuencia se debate sobre ello. Yo diría que es un tema de diario para los policías de nuestro país. Se habla de esto en las galerías de tiro y armerías de los cuerpos de seguridad y sobre todo, incluso más que en las líneas de tiro, en el café de inicio del turno de trabajo. ¿Verdad que no me desvío mucho? Yo mismo dediqué en 2012 un amplio artículo al asunto. Me estoy refiriendo al empleo de armas largas por parte de los agentes de seguridad ciudadana pura y dura. De los que patrullan las calles de nuestras ciudades. Esos que lo mismo se acercan a un incendio, robo, accidente de tráfico, riña doméstica o pelea discotequera, que igual se llevan con la grúa un coche mal estacionado o le hacen el test de ingesta de alcohol a un malnacido conductor bebido.

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Wild Bill Hickok(1)? Sin duda alguna,  Hickok es uno de los personajes más famosos de la era del Salvaje Oeste Norteamericano. Nuestro protagonista se hizo famoso por ser agente de la ley en varias localidades, aunque cuando obtuvo el empleo de comisario en Abilene (Kansas) fue cuando más celebridad adquirió en la profesión. También en la sociedad. El Estado de Kansas era un área geográfica muy peligrosa en esa época, quizá como todos los territorios de la denominada, la Frontera.

 

Resumen:

En pleno siglo XXI el francotirador sigue siendo una pieza esencial de los ejércitos modernos o de las unidades policiales de élite, en su versión civil. Los progresos técnicos y las nuevas necesidades ponen de manifiesto su valor estratégico y de seguridad. El presente trabajo plantea de forma somera algunos de esos factores lo cual posiblemente permitirá al lector acercarse a una visión actual del tema.

Abstract:

In the XXI century the sniper is still an essential part of modern military or elite police units in its civilian version. Technical developments and new requirements demonstrate its strategic value and security. This paper discusses in passing some of those factors which may enable the reader to approach a current view of the subject.

En los medios de prensa se oye, continuamente, que la munición de punta hueca está totalmente prohibida en España. Algunos creen que incluso son ilegales para los propios agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad (FYCS). No solamente los informadores se manifiestan en esos términos, sino que es también frecuente oír la misma afirmación de boca de policías e instructores de tiro de las propias fuerzas. Todos se equivocan, pero también todo tiene sus matices. Hasta cierto punto es comprensible que los periodistas cometan esos errores, pues se meten en pantanos de fango de los que no pueden o no saben salir. Hay que comprenderlo porque ellos no son ni juristas, ni profesionales de las armas y la seguridad. Más justificación tiene el error cuando se descubre al público que la fuente periodística es un miembro de la comunidad policial. A los policías, tengan la categoría profesional que tenga y sean del cuerpo que sean, se les suele considerar expertos en determinadas materias, principalmente en armamento, tiro, cartuchería y balística. Estas consideraciones suelen hacerse con ligereza y a veces con frivolidad.

Es longevo. Ya ha cumplido once decenios y sigue entre nosotros. Y pese a que a veces le regañamos, quiere seguir aquí. Hablo del cartucho metálico que ocupa los cargadores de la inmensa mayoría de pistolas de este país y de más de medio mundo: el mítico 9 mm Parabellum. Vino a ser, con tal apellido, el segundo hijo de aquella familia encabezada por Georg Luger. El austriaco Johann Georg Luger nacido el 6 de marzo de 1849. En 1900 desarrolló, cuando contaba con cincuenta y un años de edad, a su hijo mayor, el 7,65 mm Parabellum (.30 Luger). Un verdadero desconocido para quienes son usuarios obligados de armas.

Este es un tema muy interesante y que no todos los profesionales conocen profundamente, de ahí la cantidad de errores que se suelen cometer a la hora de hacer referencia a un cartucho o calibre determinado.

El error más habitual se detecta en conversaciones entre agentes de policía, sean del cuerpo que sean. El tema es muy desconocido entre los profesionales del ramo, sin que la pertenencia a determinados cuerpos o unidades pueda atribuir maestría y dominio del asunto. Sorprendentemente, incluso entre los armeros profesionales existe desconocimiento del tema, lo cual provoca no pocos malentendidos. También es habitual oír en televisión, y en los demás medios de prensa, como profesionales de la información dicen verdaderas barbaridades al hablar del arma y/o cartucho que determinados delincuentes, o agentes de policía, usaron en la acción protagonista de la noticia.

Tener amigos de tal nivel humano y profesional no tiene precio. Me refiero a Cecilio Andrade, aquel que hace años me dijo que lo llamara como ya hacen sus hermanos de sangre y pólvora, la gente a la que quiere y respeta; pero es que no me acostumbro a ello, por eso empleo siempre su filiación simple.

El Sábado 1 de Diciembre, el jugador profesional de fútbol americano Jovan Belcher (25) disparó a su novia, Kasandra Perkins (22), causándole la muerte. Después, ese mismo día, Belcher fue a encontrarse con su entrenador y con el gerente del equipo (los Chiefs de Kansas City). Les agradeció la oportunidad que le dieron en el mundo del deporte, y enfrente de varias personas, se quitó la vida con la misma pistola que había usado contra su pareja.

La tragedia se hizo eco a través de los medios de comunicación. La gerencia de los Chiefs de Kansas City y los directivos de la Liga Nacional de Fútbol (NFL) decidieron proseguir con la agenda predeterminada; el equipo de Belcher jugaba un partido el Domingo... y lo jugó.

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