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El domingo pasado estuve viendo un programa de televisión que me hizo reflexionar bastante, preguntaban a jueces y fiscales ¿si la justicia es igual para todos?. No quiero dar propaganda al programa en cuestión pero efectivamente planteaban que el rico y poderoso es más difícil que entre en prisión y si lo hace será por menos tiempo, mientras que si eres un pobre sin dinero, será el destino más seguro y probable.

 

“El preso más antiguo de España indultado parcialmente por el último consejo de ministros socialista sigue en prisión, Miguel Montes Neiro lleva más de 35 años en prisión y sigue pendiente de que la Audiencia Provincial de Granada reviste su caso”

 

Respecto de este tema, del que ya hablé, me preocupa cómo ha podido fallar el sistema de rehabilitación y reinserción ya que según el artículo 25 de nuestra constitución, todas las penas privativas de libertad tienen este objetivo. Y es que no sólo es el largo tiempo que lleva en prisión sin delitos de sangre, sino también es importante las diferencias de trato que se producen, no ya entre las víctimas sino también entre los presos.

 

Y como ejemplo, me pregunto ¿si llevan meses hablando de conceder beneficios penitenciarios a presos extremadamente peligrosos que han cometido muchísimos delitos de sangre, siempre que pidan perdón a sus víctimas? ¿Por qué no se permite lo mismo con este otro tipo de infractores a todas luces menos peligrosos, con una lista de fechorías menores? Otro ejemplo ¿Por qué los presos “de guante blanco”, también obtienen de una forma más rápida beneficios penitenciarios?

 

Estoy empezando a pensar que el artículo 14 de la constitución española, en el que se dice que todos somos iguales ante la ley, no sólo es un ideal, sino que es un artículo totalmente imposible de aplicarse pues tal parece que hay presos e infractores de primera categoría y de segunda categoría.

 

Como siempre estoy hablando de Justicia Restaurativa, hoy me gustaría contar una historia “real como la vida misma”, triste y estremecedora pero a la vez esperanzadora ¿por qué? Porque quiero mostrar los beneficios de esta forma de ver la justicia, en primer lugar para la víctima y en segundo lugar para infractores y comunidad. También me pregunto y aprovechando la época de elecciones,  por qué tan sólo hay pequeñas referencias a mediación en los programas de los partidos, esto sin duda es perjudicial para el sistema de justicia.

Hoy voy a hablaros de un caso real, con el nombre real de la valiente persona que ha querido contar su “historia”, “para ayudar a más victimas a dejar de serlo”. Jo Nodding fue víctima de violación por un chico que además conocía, Darren. Esto ocurrió en el año 2004 y durante semanas intentó superar lo que la había pasado  y que tanto la afectaba a ella y a su familia. El violador no reconoció al principio el hecho, hasta las pruebas de adn que confirmaron que era su violador, por eso encima tuvo que asistir al juicio, y allí fue la primera vez que le vio cara a cara.

Probablemente la mayoría de ustedes hayan visto ya las imágenes del teatro que el señor Ratko Mladic (lo de señor lo digo por  educación, algo de lo que carece este hombre) montó ayer en el Tribunal de la Haya y que acabó con su expulsión de la sala.

De toda la escena una imagen me quedó grabada en la cabeza: el gesto de Mladic levantándo el pulgar con sorna a los familiares de las víctimas. Un gesto así solo puede calificarse de extremadamente cruel e inhumano. No es de extrañar luego que los familiares de las víctimas deseen en muchas ocasiones lo peor para el acusado, y es que ya no es solo el hecho de que no exista arrepentimiento por parte del autor de tales crímenes, sino que ni siquiera existe respeto alguno por el dolor de aquellos que han sufrido la pérdida de sus seres más queridos.