El pasado miercoles 15J Barcelona vivió un día tenso, si cabe mucho más que el pasado 27-M. Las acciones violentas contra algunos de los parlamentarios deben, y ya han sido, condenadas por todo aquel que tenga dos dedos de frente.

No se puede negar que lo sucedido sorprendiera a más de uno. Aún siendo una minoría la que provocó los altercados, el movimiento de indignados se había caracterizado hasta ahora por su forma pacífica de manifestarse, aún encontrándose en muchos casos fuera de la legalidad. Y esa actitud claramente antisistema no parece encajar con lo que hasta ahora se estaba plasmando.

Esta última semana ando releyendo a Thoreau (1817-1862), uno de los grandes fundadores de la literatura norteamericana. En su breve pero famoso escrito titulado Desobediencia civil encontramos reflexiones que lejos de caer en el desfase siguen siendo más que vigentes. Entre ellas extraigo un párrafo que viene a colación de las manifestaciones y acampadas que, desde el pasado 15 de mayo, se vienen dando en los diferentes puntos del estado español:

 

Hay leyes injustas:¿Nos contentaremos con obedecerlas o intentaremos corregirlas y las obedeceremos hasta conseguirlo?¿O las transgrediremos desde ahora mismo? Bajo un gobierno como este nuestro, muchos creen que deben esperar hasta convencer a la mayoría de la necesidad de alterarlo. Creen que si opusieran resistencia el remedio sería peor que la enfermedad. Pero eso es culpa del propio gobierno.¿Por qué no aprecia el valor de esa minoría prudente? ¿Por qué grita y se resiste antes de ser herido? ¿Por qué no anima a sus ciudadanos a estar alerta y a señalar los errores para mejorar en su acción?¿Por qué tenemos siempre que crucificar a Cristo y excomulgar Copérnico y Lutero y declarar rebeldes a Washington y Franklin?

(Desobediencia civil y otros escritos, 48, Tecnos)