Aunque nos hemos acostumbrado a asociar la piratería con la descarga de música en internet, utilizar el ordenador con programas de dudoso origen o comprar películas en un “top manta”, lo cierto es que los piratas existen y –como los de antaño que ondeaban la bandera de las tibias cruzadas bajo una calavera (la famosa Jolly Roger)– actualmente son una amenaza real en muchos rincones de la Tierra donde –igual que entonces– continúan asaltando barcos al abordaje. Según el IMB Piracy Reporting Centre –órgano de la Oficina Marítima Internacional (IMB) que vigila la piratería desde su sede en Kuala Lumpur (Malasia)– se recomienda navegar a más de 200 millas de la costa somalí, pero también de otros lugares donde se producen estos ataques, como Callao (Perú), las Antillas, Indonesia, el estrecho de Malaca, el mar de China o los golfos de Adén, Guinea o Bengala.

La Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos prepara su nuevo ataque contra la piratería en forma de paquete de denuncias contra las principales webs de enlaces. Pretenden comprobar así la eficacia de la nueva normativa. Mientras tanto, pequeñas revoluciones internas se cuecen poco a poco entre el gremio de autores,quienes cada vez más ven que el pirata es el que realmente le permitirá ejercer su profesión.