La ley pervierte la inocencia

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Esta pasada semana nuestras conciencias se vieron sacudidas por la espantosa desgracia sucedida en un pequeñito pueblo de Albacete, una pedanía llamada El Salobral, donde un individuo mataba a una niña a la que decía querer y a un hombre que estaba en la calle; y que luego, cobardemente, se ha quitado su miserable vida tras horas de infructuosas negociaciones (infructuosas porque sin su “obsesión” en el mundo ¿qué le retenía en él?, no había más salida que la muerte).


Dicen que la familia de la menor se oponía a esta relación y ¿este dato es noticia?, la noticia hubiera sido que estuvieran de acuerdo y ¿entonces no se estaría acusando a esa familia de proxenetismo?, una niña de 12 años (edad que tenía cuando comenzó a “rondarla”) manteniendo una relación con un hombre de 38, en otros ámbitos, en otras circunstancias estaríamos hablando de pederastia, simple y llanamente; sin embargo, todo el pueblo era conocedor de esta situación, me pregunto qué harían cuando salieran como “novios”: podrían ir a un bar, él pediría una cerveza y ella un cola-cao; ¿a una discoteca?, no, a ella no la dejarían entrar; al cine, sí, a ver Tadeo Jones; ella podría acompañarle a votar pero no podría hacerlo; podrían hacerse un tatuaje o un piercing juntos, siempre y cuando ella contara con el consentimiento de sus padres; o podrían cometer un delito, ella, cualquier delito, porque nuestra legislación determina que la persona menor de 14 años que cometa un hecho delictivo no determina ningún tipo de acción represiva, sancionadora o penal.


Nuestra legislación establece que una persona no está lo suficientemente madura intelectualmente para poder elegir a sus representantes políticos hasta cumplir los 18 años, determina que no es lo bastante adulta para tomar por sí misma la responsabilidad de tatuarse o agujerearse el cuerpo, nos dice cuándo somos los suficientemente mayores para beber o ver determinadas películas e incluso determina que si eres menor de 14 años no eres responsable de tus actos, por muy bárbaros y delictivos que estos puedan llegar a ser; sin embargo esa misma legislación defiende que un menor está lo suficientemente preparado física, psicológica y emocionalmente para tomar la decisión de mantener relaciones consensuadas con otra persona, sin importar la edad que tenga, la relación de poder que exista entre ellos, ni el uso y abuso que pueda ejercer el adulto sobre el menor.


Aún se retienen en mi mente y no creo que pueda olvidar los gritos desgarrados de esa madre contra la policía, acusándolos de haber matado a su hija, por que es cierto que quien apretó el gatillo fue aquel hombre pero esta muerte fue auspiciada por instancias policiales, judiciales y sociales, cuántas veces acudió esa madre a denunciar, cuántas veces pidió protección para la inocencia de su hija, cuántas veces esa madre suplicó ayuda y le remitieron a una ley que ella no entendía, que en realidad nadie entiende, por que se es inmaduro para responsabilizarse de la comisión de un delito pero no para decidir con quién te acuestas. Teniendo en cuenta las relaciones de poder y de abuso que se dan en las interrelaciones personales, sexuales y emocionales a cualquier edad ¿dónde queda la protección a la inocencia y a la infancia?.

La inocencia de esta niña fue segada el día que ese hombre la convenció y la hizo soñar con que ya era la mujer que un día, en algunos años, llegaría a convertirse y la ley se lo permitió, esperemos que este ministerio que legisla a golpe de titular tenga en cuenta también esta vida perdida, este futuro inacabado y todas aquellas que no saliendo en la prensa viven la misma situación.


Dicen que la mató por despecho, cuando ella ya no quiso saber de él, rompiendo la relación y él sentenció lo que pronuncian todos los hombres débiles y obsesionados que convierten la vida de una mujer (de una niña) en su posesión: “o mía o de nadie”.

Almudena ha pasado a engrosar la larga lista de mujeres muertas a manos de sus parejas, convirtiéndose en la víctima más joven, este año ya son 38 las grandes mujeres que hemos perdido.


Teléfono 016 de información y asesoramiento jurídico en materia de violencia de género.

Ruth Alvarado Sánchez

Doctora en Sociología, especializada en desviación social y género.

Especialista en Investigación Criminal.

Apasionada de la justicia y la igualdad.

Intentando continuar la estela de las grandes mujeres y excepcionales penalistas Doña Concepción Arenal y Doña Victoria Kent en la creencia de que el delincuente (y la delincuente) es una persona y por ello su comportamiento y sus necesidades deben ser estudiados, conocidos y de ser posible (en la medida de lo posible) dar una respuesta y solución.