Construyendo el concepto de pedagogía criminológica

February 16, 2013 15699
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La escuela como ente socializador sienta las bases del desarrollo psíquico del sujeto conjuntamente con la familia, que como aparatos ideológicos del Estado, están siendo rebasados por el fenómeno criminal que existe a nivel global. Es así como la pedagogía criminológica surge de la necesidad de una intervención temprana de prevención de conductas antisociales, que mediante un fundamento ecléctico-filosófico y teórico-científico, sienta las bases para su desarrollo y consecuente aplicación, mediante el desarrollo de estrategias contextualizadas a cada entorno y necesidades propias.

La pedagogía criminológica puede ser aplicada como parte curricular por los educadores que se encuentran “frente a grupo”, pero también mediante intervención especializada de psicopedagogos, a fin de contener,  controlar y sanar conductas disociales en el niño, que de manera importante desembocan en conductas antisociales en la adolescencia y la adultez. Desde su génesis la pedagogía criminológica está dirigida a ambientes escolarizados, sin embargo, puede ser adaptada en casos especiales; la prevención en este sentido no se debe limitar a determinados tópicos formales. El sistema educativo deberá evolucionar para afrontar los retos que implica la proliferación de conductas antisociales, cada vez más generalizadas.

El bienestar individual depende en gran medida de la colectividad social, de ahí que la pedagogía criminológica deberá propiciar en el sujeto la conciencia de que al afectar su entorno, esto también le afecta a él mismo, por lo tanto su educación deberá situarse en la realidad en la que vive, generándole paz interior y auto confianza; mismas que dependen en gran medida de la actitud intelectual y emocional con la que afronte los problemas cotidianos.

El educador debe aprender a escuchar al alumno, además de ser observador, para poder comprenderle y actuar en consecuencia, generando confianza interpersonal para anteponerse a situaciones que sugieren un riesgo en la futura comisión de conductas antisociales. En esta interrelación el educador debe respetar los derechos de los alumnos, que generalmente son “pisoteados”, -restándoles importancia-, por el abuso de poder que ejerce como autoridad en el aula. La escuela debe ser un entorno seguro y acogedor en el que el individuo se sienta emocionalmente estable para salir al mundo, la escuela debe proporcionarle motivación dentro y fuera de ella, evitando que se supriman las relaciones de aprendizaje afectivo.

El educador debe propiciar la cultura de la legalidad, en ambientes de pobreza extrema, desarrollar las habilidades para que el individuo esté en condiciones de repeler la drogadicción, además de fortalecer favorablemente la psique de los niños que provienen de familias disfuncionales, combatir el maltrato infantil y la exclusión social, factores que generalmente conducen al sujeto a cometer conductas antisociales.

El primer reto para la pedagogía criminológica, no es la de atender todas esas necesidades de formación de los niños, sino que es el rompimiento de paradigmas de acción y pasividad arraigados fuertemente en los educadores, que principalmente se traduce en cambios que implican “sacarles” de la zona de confort en la que se encuentran, por su falta de motivación y de interés por un crecimiento personal. Un número importante de educadores sólo han demostrado su interés de crecimiento económico, trabajando menos y cobrando más, la pedagogía criminológica requiere educadores con vocación, que deben influir positivamente en los niños desde las aulas a nivel individual, pero también a nivel social, construyendo un entorno con empatía tendiente al desarrollo de la simpatía, como especie responsable de sí y de las de más especies del mundo; para que el alumno desarrolle la capacidad de compartir sus recursos, conduciéndose con respeto y dignidad. Empero, no basta sólo con que la escuela se comprometa a esta formación y transformación, sino que se requiere de la continuidad por parte de la familia y la sociedad.

La formación proporcionada por la pedagogía criminológica deberá ser ecuánime, compasiva e impregnada de sabiduría, combatiendo firmemente el abuso infantil y la depresión que este fenómeno causa a las victimas, se deben disminuir las emociones destructivas, que propician ansiedad, angustia, miedo y actitudes egocéntricas muy acentuadas. La educación deberá desarrollar la habilidad para que se controlen las emociones negativas, para que no vayan más allá de lo estrictamente necesario, disciplinándolas racionalmente para volver a tener estabilidad emocional.

La pedagogía criminológica deberá enfocar su análisis en la regulación de las emociones que permita equilibrio interior en el sujeto, para que se puedan afrontar favorablemente la frustración, el estrés y el miedo, que cada vez están más presentes en la vida escolar, que en ocasiones dejan de lado la inocencia y la curiosidad por aprender del mundo, para dar paso a situaciones nocivas, causadas por diversos factores como las drogas, las armas y la violencia, magnificándose por la falta de interés de las autoridades educativas y de los padres de familia.

La pedagogía criminológica, deberá evitar que la escuela propicie el rechazo de los alumnos, por haber roto las reglas, por el contrario deberá procurar la integración escolar, para que este individuo no “termine” con resentimiento social, debe procurarse la sana convivencia desde las aulas, propiciando relaciones interpersonales afectivas, respetuosas, generando en el individuo la habilidad de un armónico actuar, “nutriéndole” con confianza.

Generalmente en las aulas conviven niños de diversos estratos socioculturales, para lo cual el educador con base en la pedagogía criminológica deberá desarrollar las estrategias de interacción que se requieran para este tipo de grupos, en los que se debe considerar la historia de vida de cada individuo, identificando la información que tienen consigo en relación a comportamientos muy determinados, que podrían generarles confusión para integrarse debidamente.

El fenómeno criminal se extiende cada vez con mayor intensidad en todas las culturas. La pedagogía criminológica debe llevar a la praxis educativa de manera global, adaptada a cada contexto cultural, surgiendo por la necesidad estructurada de anticipación conductual nociva.

Por lo tanto, podemos definir a la pedagogía criminológica como el conjunto de saberes que impactan directamente en la construcción de la constitución psíquica del sujeto, mediante la conducción e influencia adecuada de sus actos desde su concepción hasta la adolescencia, con la finalidad de prevenir conductas antisociales, acorde con cada contexto cultural.

Agustin Salgado

Licenciado en Derecho con Estudios en Psicología Educativa