Tras el trágico asesinato de un profesor en el Instituto Joan Fuster de Barcelona, suceso que ha conmovido a toda la comunidad educativa, los tertulianos de siempre no han tardado mucho en hipotetizar sin apenas información en torno a las causas que han provocado este acto violento. Divagaciones que han pasado desde el ya manido debate en torno al impacto que tienen los videojuegos (buscando una causa única que lo explique todo), pasando por el énfasis hecho en torno a la inimputabilidad del agresor (una vez más el deseo de venganza entra en juego), con el único objetivo de encontrar detrás de ese niño de 13 años alguna clase de demonio que merezca la horca.