El pasado lunes, se celebró el día mundial de la eliminación de la violencia contra la mujer y a pesar de las medidas de concienciación y el endurecimiento de la ley, los casos no han disminuido, al menos en España.

Y como siempre hay voces que reiteran la no viabilidad de la mediación para estos crímenes, que se han convertido en una auténtica lacra social. Sin embargo, la negativa de ciertos colectivos para admitir esta institución es fruto de la confusión de conceptos y de la poca visión realista de cómo la Justicia tradicional, trata muchos de estos casos. La realidad es que en muchos asuntos el maltratador durante el proceso penal tradicional, se pone en una actitud defensiva y pasiva,  que no favorece a la víctima ¿por qué?

Estuvo a punto de morir a martillazos a manos de su expareja. El agresor de Melanie sale de la cárcel. Solo ha cumplido seis años de los dieciséis y va a disfrutar de su segundo permiso. Esta madre de cuatro hijos pide que se refuerce la seguridad”

Esta noticia una vez más, muestra como la Justicia tradicional no satisface las necesidades de las víctimas, unas víctimas que ponen todas sus esperanzas en el juicio y en la condena pero al final se quedan con un “sabor agridulce”. Esto me hace recordar que me gustan los “finales felices”, sí, lo reconozco, me gustan las películas y los libros en los que los “buenos” tienen su recompensa y los “malos” reciben su castigo. Este sentimiento es muy humano y nos hace sentir seguros y tranquilos. Esto, sin duda, es la justicia retributiva y aparentemente nos hace felices, y nos hace incluso equiparar justicia, a castigo.

El ser humano, igual que la mayoría de los seres vivos, vive en comunidad. Por eso, todos estamos interconectados y lo que hacemos afecta a los demás, igual que lo que los demás hacen, nos “toca” de forma directa o indirecta en nuestra vida. Las relaciones entre los miembros es un elemento fundamental ya que todos nosotros estamos condicionados por estas relaciones, incluso antes de nuestro nacimiento. En la medida en que nuestros padres se han mantenido juntos o se han distanciado, han estado en contacto con otros miembros de la familia  y otras variables, todo esto influye en lo que somos o podemos llegar a ser. La relación con los que nos quieren y /o deberían preocuparse por nosotros, también determina nuestro carácter. Las personas nos basamos en las relaciones y en ocasiones éstas nos pueden afectar también negativamente por el simple hecho de querer ser aceptados o queridos en el grupo. Estas relaciones que podríamos calificar como “dañinas” pueden repercutir en las relaciones con otras personas ajenas a ese grupo, un ejemplo claro de esto podría ser el joven que para ser admitido en el círculo de amigos, comete un delito, dañando así su relación con la víctima, por adquirir una relación con ese grupo concreto. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el delito?

Desde marzo de 2013 en Dakota del Sur, en el norte de Estados Unidos se permite que los profesores de centros públicos lleven armas para proteger a sus alumnos.

Esta es una medida que a los ojos de al menos las personas que vivimos al otro lado del charco, nos resulta extravagante, ya que en nuestra sociedad el uso habitual de armas de fuego, no es que esté mal visto, es que más bien no existe. En cambio, para muchos de los que viven en Estados Unidos portar armas, es un derecho. No obstante, todo derecho debe tener unos límites de ahí la frase: “los derechos terminan cuando comienzan los de los demás”. Esta es una frase que puede parecer tonta, pero que muy a menudo olvidamos ¿qué pasa si en el ejercicio de tu derecho, dañas o pones en peligro a otra persona?

I.- Planteamiento

Los dos pilares básicos sobre los que descansa todo Estado de Derecho son el principio de legalidad y el de responsabilidad de los poderes públicos. El primero, por cuanto obliga a la Administración a actuar conforme a las exigencias de un ordenamiento jurídico previamente aprobado por quienes ostentan la soberanía popular, evitando con ello la actuación arbitraria de la misma, en los términos previstos en el art. 9.3 de la Constitución Española (CE), cuando dice que “La Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos.”

Se considera al poder político como responsable directo de mantener la seguridad pública, empero, no es sólo responsabilidad única de éste, la sociedad ha olvidado que las personas que actualmente ostentan dicho poder, son servidores de la sociedad, que en ocasiones actúan de manera irresponsable contra la criminalidad, la sociedad por medio de sus instituciones ha dejado de ejercer su función en la formación de sujetos, que se inspiren en la vida y no en la muerte para alcanzar sus logros, sujetos que carecen de  toda empatía hacia sus semejantes, los delincuentes son “hijos de la sociedad”, hijos que no han tenido la debida atención temprana y que se convierten en sujetos nocivos de su propio origen: la sociedad.

"Sor María Gómez Valbuena, se ha negado  a hablar ante el juez por su supuesta implicación en el caso de niños robados. Y por tanto permanecerá imputada por el delito de detención ilegal. Tras acogerse al derecho a no declarar, salió escoltada por varios policías. Decenas de madres que buscan a sus hijos tenían las esperanzas depositadas en que Sor María esta vez, contara al juez lo que hizo y lo que sabe. Si no lo paga aquí, lo pagará arriba, dijo una de las afectadas. Merece el mayor de los castigos…”

Una vez más nos encontramos con unas víctimas totalmente desamparadas y que llevan años con el estigma de serlo, mientras otras recién acaban de descubrir que fueron arrebatadas de sus familias. Todas ellas han sufrido serios daños y una compensación muy difícilmente puede mitigar las consecuencias de este delito, cuyos perjuicios se han continuado en el tiempo y sus efectos se dejaran notar en muchas de las personas afectadas de por vida.

Ayer estando en los Juzgados, fui testigo de la “frialdad” de la justicia. Un chico con un leve problema  psiquiátrico, acudía a juicio por un problema con un guarda de seguridad de un centro comercial. Este chico fue con su madre y como denunciado, le superaba el tener que entrar en un juicio. Aclaro que la madre ya se había puesto en contacto con nuestro Servicio para intentar un proceso restaurativo, pero las órdenes de la compañía de seguridad son ir siempre a juicio, por lo que no se pudo hacer nada al respecto.

JUSTICIA RESTAURATIVA

Hasta ahora nuestro sistema estaba basado en una concepción de justicia retributiva donde ésta es vista como una responsabilidad de los profesionales y los delitos como acciones contra el estado. Con el cambio a la Justicia, anteriormente mencionada como restaurativa, se da la oportunidad a los ofensores de responsabilizarse por el hecho delictivo o la acción causada, tomar conciencia de la repercusión que su conducta a tenido en la otra persona y reparar el daño ocasionado. Con este cambio de justicia retributiva a restaurativa se convierte el estado en socio de la comunidad.

Una pregunta que puede surgir es de dónde surge el concepto de “restorative justice”, traducido no muy acertadamente al castellano como justicia restaurativa, aunque más bien debería denominarse justicia restauradora o reparadora.

Lo que está claro es que no es un concepto nuevo, y simplemente se basa en el restablecimiento del equilibrio roto, por la trasgresión de la norma y la posible reintegración del infractor.

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