En 2008, un ciudadano de Sierra Leona solicitó asilo en España alegando que había huido de su país de origen porque allí fue amenazado de muerte por negarse a pertenecer a una sociedad que practica el canibalismo. Como no se admitió su solicitud, recurrió la resolución ante la Dirección General de Política Interior que, de nuevo, se lo negó, por lo que interpuso un recurso contencioso-administrativo en el Juzgado Central de esta jurisdicción que tampoco prosperó; por último, apeló a la Audiencia Nacional que dictó la sentencia 3000/2010, de 16 de junio, fallando en su contra, desestimando el recurso de apelación e imponiéndole pagar las costas del proceso porque su relato resultó inverosímil y no aportó ninguna prueba pertinente o, al menos, indicios suficientes de las circunstancias que justificarían el otorgamiento del asilo

Con la colaboración de Luis Borrás Roca

Hace un poco más de un año, publiqué un artículo titulado “Asesino y Caníbal: ¿podría ser peor?”. En dicho artículo explicaba los tipos de canibalismo y mencionaba a algunos de los más conocidos caníbales como Sagawa, Fish o Meiwes. Todos ellos cuentan con el dudoso honor de encontrarse en la lista de caníbales más famosos de la historia del crimen.

Issei Sagawa

Albert Fish

Armin Meywes

 

 

 

 

 

...“Me comí su hígado con un gran plato de habas y un buen quianti”...

Ésta es una de las frases más célebres en la historia del cine de culto al asesino en serie. El Dr. Hanníbal Lecter interpretado por Anthony Hopkins en “El silencio de los corderos” se jacta así de sus actos atroces de canibalismo amén de su despiadada crueldad en los asesinatos cometidos. Pero no solo la ficción ha reflejado en la historia el canibalismo o como quizá deberíamos denominar por su etimología, antropofagia.