La mayoría de nosotros cuando escucha la palabra psicópata, cree erróneamente que se trata de ese asesino despiadado que tantas veces queda reflejado en películas y series de televisión, siendo uno de los más conocidos el Dr. Hannibal Lecter.  Estamos  inmersos en una sociedad muy mediatizada por los estereotipos que presentan a este tipo de individuos, sobre todo a través del cine, la televisión e incluso algunos Best Seller. Sin embargo, no es así. Muchos de estos psicópatas están integrados en nuestra sociedad, están entre nosotros y pasan totalmente desapercibidos, porque muchos de ellos no comenten ilícitos visibles.

El maltrato animal es una conducta que consiste en provocar dolor innecesario o estrés a un animal. El maltrato más leve se observa en la falta de los cuidados básicos del animal y el más grave es el asesinato con ensañamiento.

Cuesta comprender que existan personas que puedan maltratar a animales indefensos de igual forma que cuesta comprender a personas –hombres o mujeres- que maltratan a otras porque se sienten superiores. En realidad estos delincuentes carecen de educación, empatía y escrúpulos, entre otras lindezas. Son personas con carencias mentales graves que ven a su víctima como una presa fácil y se aprovechan de la histórica impunidad para perseguirlos. Se sienten superiores por sus absurdos actos.

Es evidente que la pena de muerte es la sanción más enérgica y longeva de la historia humana. Lo que sigue produciendo sendos debates y foros de discusión. Lo que representa diversos aspectos de análisis, como la personalidad del sujeto activo, las víctimas de delitos considerados graves, la sociedad y las instituciones oficiales del Estado. Por lo tanto las opiniones también son vertidas desde diversas disciplinas y ciencias desde la sociología a la criminología, pasando por la política, la filosofía y el derecho entre muchas otras.

Hay en el mundo muchos países que aun aplican la pena de muerte, empleando diversas formas para hacerlo desde la lapidación, el ahorcamiento, la cámara de gases y la inyección letal principalmente.

Cuando se hace referencia a un asesino en serie, la gente suele hacerse la misma pregunta: ¿Por qué?

La respuesta más manida no se hace esperar: Algo anda mal en su cabeza. Pero, ¿qué pasa cuando se reestructura lo que andaba mal en ella y sigue siendo un asesino?

La pregunta carece de respuesta para los expertos que trabajan sobre los criminales psicopáticos, si bien la neurociencia ha encontrado los puntos y devaneos cerebrales que distinguen al individuo normal del psicópata.

Algunos autores rechazan la validez y utilidad del concepto de ‘psicópata’. Gunn (1998) resume la postura más común entre aquéllos, y una que nos interesa especialmente, ya que pone de relieve las implicaciones que esta categoría tiene para el tratamiento.

¿Son los rasgos del psicópata fruto de un cálculo de costes beneficios según el ambiente social en el que se encuentra? ¿Se puede hablar, en un sentido contrapuesto, de un cúmulo de características fruto de una especial mutación genética? Parece difícil responder a ello, aunque razones hay para pensar en que ambos puntos de vista bien pueden explicar la existencia de personas que reúnan esta serie de rasgos que, según Hare, representan el 1% de la población mundial.
En un artículo de reciente publicación se sacaban a la palestra ambas perspectivas como uno de los retos que los profesionales de los diferentes ámbitos deberemos resolver en este siglo si queremos obtener mejores resultados a los conseguidos hasta ahora cuando se aborda la reintegración social del psicópata que ha cometido algún delito (Glenn, Kurzban,Raine,2011).

“Matamos tres de acá, tres de allá” (1). Con esta frialdad, los dos enfermeros detenidos en Montevideo han descrito cómo asesinaban a los pacientes en los hospitales donde cada uno de ellos trabajaba por su cuenta.  

Todo comenzó en enero de 2012, cuando las autoridades policiales comenzaron a investigar una serie de muertes de origen muy dudoso que se producían regularmente en el Hospital Maciel y en el CTI Neuroquirúrgico de la Asociación Española Primera de Socorros Mutuos. Las pruebas que fueron recopilando señalaban inequívocamente a dos enfermeros de 49 y 36 años de edad, respectivamente, por lo que el 17 de marzo se procedió a su detención.