Verificación de hipótesis y conclusiones en torno a la política exterior de EE.UU

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"Los ideales que han inspirado nuestra historia –la libertad, democracia y dignidad humana- están inspirando a cada vez más personas y naciones en todo el mundo. …Escogemos el liderazgo en vez del aislacionismo, y la búsqueda del libre comercio y los mercados abiertos en vez del proteccionismo. Optamos por lidiar con los desafíos ahora, en vez de dejárselos a generaciones futuras. Combatimos a nuestros enemigos en el extranjero en vez de esperar que lleguen a nuestro país. Procuraremos forjar el mundo, mas no ser simplemente forjados por él; influenciar los sucesos para que suceda lo mejor, en vez de estar a su merced".

Presidente George W. Bush
Carta presentando la Estrategia de Seguridad Nacional
16 de marzo de 2006

 

 

EE. UU. manifiesta una política de hegemonía imperialista, si no hay enemigo se vuelve al aislacionismo, más que liderar, impone los procesos de integración entendidos “a la americana”, sus intereses geoestratégicos de sociedad e inmigración vienen condicionados por sus propios beneficios, pero prefieren asumir ciertos costes de oportunidad con tal de mantener su política de hegemónico.

La capacidad coercitiva, el uso de la fuerza, depende de la voluntad política y esta es volátil, dependiente de la opinión pública, a contrario del pensamiento promulgado por Tocqueville (divorcio entre la opinión pública y la política exterior, meritocracia#).

Si no hay enemigo externo no hay que mantener las capacidades económicas, el gasto en armas. Los EE. UU. necesitan un 11-S para justificar su política (enemigo, gasto).

La Historia reciente nos demuestra la existencia de fuertes resistencias al establecimiento de un orden internacional, regido por normas jurídicas, regido por el Derecho Internacional. Entre ellas podemos encontrar algunas atribuibles a los Estados Unidos. Destaquemos la resistencia de EE. UU. en cuatro terrenos: Los problemas ambientales mundiales, la creación de una Corte Penal Internacional, el mantenimiento de la pena de muerte y la actitud observada en la relación entre terrorismo y Derechos Humanos.

 

Se ha visto que EE. UU. ha intentado ser el motor fundamental en el proceso de paz en Oriente Próximo, cuestiones de geopolítica le impulsan, pero sus intentos han sido brindis al sol. Seis largos años de políticas fracasadas en Oriente Próximo obligaron al presidente George W. Bush a reconocer que la alianza de moderados que ansía lograr en la región sólo puede forjarse mediante un acuerdo de paz entre árabes e israelíes. Es más, solamente abordando de verdad la disputa árabe-israelí habrá alguna posibilidad de salvar el prestigio de Estados Unidos en la región. Pero los últimos esfuerzos de paz en los que se han embarcado los estadounidenses están mal concebidos y son poco convincentes.

 

En EE. UU. persiste un déficit de democratización en las instituciones que están bajo su órbita; no a la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, no a la reforma de la OTAN y mira con recelo la política exterior de la Unión Europea.

Muchos acusan a la PESC de carecer de instrumentos preventivos y de apoyarse en aquellos eminentemente reactivos y de carácter esencialmente humanitario. Y además, la financiación de la misma, alrededor de 40 millones de euros el último año, no ofrece excesivos argumentos a favor de una política independiente. La imagen de gigante económico que puede hacer frente a Estados Unidos se corresponde con el enanismo político proyectado durante las grandes crisis internacionales.

En la guerra del Golfo cabría la excusa del carácter embrionario de la PESC, al igual que sucedió en el inicio de los conflictos yugoslavos. En las crisis extraeuropeas, Somalia, Ruanda, Oriente Próximo, etc. han sido “controlados” por Naciones Unidas o su brazo ejecutor, Estados Unidos. ¿Qué decir de los conflictos estrictamente europeos? Bosnia significó el enésimo ejemplo de intervencionismo norteamericano en asuntos que, en principio, deberían ser de exclusiva competencia europea. Los Acuerdos de Dayton fueron propiciados por la absoluta ineficacia europea en la resolución del conflicto pero, yendo más lejos, la ausencia de una política global paneuropea hacia los Balcanes y la carencia de instrumentos preventivos propició, en 1999, la intervención de la OTAN en Kosovo puenteando, como peligroso precedente que en los actuales días puede volver a repetirse, a Naciones Unidas y al Consejo de Seguridad. El devenir de la política europea desde la segunda guerra mundial ha estado trufado de intromisiones norteamericanas propiciando  la división tradicional en el seno europeo entre atlantistas y europeístas. ¿Cuáles podrían haber sido los mecanismos o fórmulas utilizadas por la UE frente a la ofensiva israelí en Palestina? Varias formas podían adoptar esta respuesta: exigencia de reparación de daños causados que han sido financiados por la UE; suspensión del acuerdo de asociación y libre comercio, más de un tercio de las exportaciones de Israel tienen como destino la UE, suspensión de diferentes acuerdos de cooperación en diferentes ámbitos, exigencia de la descripción de la denominación de origen en sus productos, etc.; nada de todo ello se hizo. De nuevo primaron los intereses nacionales sobre los paneuropeos. La PESC corre el riesgo real de configurarse en torno a aquellas áreas que no sean de interés estratégico de Estados Unidos.

La oposición del gobierno de los Estados Unidos a la Corte Penal Internacional se basa en su negativa a perder alguno de sus poderes en un organismo internacional, y poder así preservar su dominio mundial y salvaguardarlo de cualquier “obstáculo” a la expansión del imperio estadounidense que pueda interponerse en el futuro. Estados Unidos ambiciona que los temas de la paz y la justicia internacionales sigan siendo responsabilidad del Consejo de Seguridad, al cual puede controlar, y así poder definir los límites de la justicia y sólo promover casos que tengan ventajas estratégicas o de otro tipo para los Estados Unidos, mientras ignora otros en los cuales podría estar comprometido. Además, el imperialismo y la agenda empresarial de la globalización pueden seguir como hasta ahora a expensas de los derechos humanos y el desarrollo sustentable.

 

La libertad no es posible más que en aquellos países en que el derecho predomine sobre las pasiones.

Last modified on Friday, 14 September 2012 13:55
Margharita Rosa Robayna Perera

De fuertes convicciones y principios, tenaz y audaz, valiente,  licenciada en derecho, ciencias de la información, ciencias políticas, criminología, Master en Diplomacia y Relaciones Internacionales, preparo mi doctorado sobre la paz y la seguridad internacional; gestión de conflictos, trabajo aplicando leyes. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía. El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad.