Ocurría antes y sigue pasando hoy, no es cosa de modas: Las circunstancias que envuelven al encuentro armado siguen siendo las mismas

February 07, 2014 4624
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¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Wild Bill Hickok(1)? Sin duda alguna,  Hickok es uno de los personajes más famosos de la era del Salvaje Oeste Norteamericano. Nuestro protagonista se hizo famoso por ser agente de la ley en varias localidades, aunque cuando obtuvo el empleo de comisario en Abilene (Kansas) fue cuando más celebridad adquirió en la profesión. También en la sociedad. El Estado de Kansas era un área geográfica muy peligrosa en esa época, quizá como todos los territorios de la denominada, la Frontera.

Wild Bill también atesoró reconocimientos a través de otros oficios. Colaboró en el espectáculo internacional de Buffalo Bill(2) (en el siglo XIX era considerado el espectáculo más grande del mundo), el cual consistía en realizar exhibiciones que demostraban al público el estilo de vida del Salvaje Oeste. Así pues, se mostraban de forma espectacular (por nativos norteamericanos) los modos y formas de montar a caballo, lanzamientos de cuchillos, lanzas y flechas. Disparos muy rápidos y precisos, con armas de fuego (tiro de exhibición) a pie firme y a caballo, eran parte importante del show, así como las exhibiciones de desenfunde de revólveres y demás habilidades con el arma en la mano. En fin, todo lo que ya sabemos que configuraba aquel estilo de vida.

En esa etapa de su vida, Hickok conoció a Juanita Calamidad, con la que, al parecer, tuvo un afer. Algunos autores sostienen que ella, desde entonces, vivió siempre enamorada de nuestro personaje pese a que contrajo matrimonio con otro varón. Como sabrán, Juanita era una excelente tiradora de exhibición, tanto con armas largas como cortas. Por cierto, aunque ella falleció en el siglo XX, su cuerpo descansa en una tumba cerca de la de W. B. Hichok (después veremos cuándo y cómo murió él).

Conductor de diligencias, cazador y explorador del Ejército, son otros de los empleos que tuvo Bill.  También fue aficionado al juego y a los duelos, actividades en las que cosechó sonados triunfos y gran popularidad. Precisamente fue un duelo en Springfield (Missouri), el 21 de julio de 1865, donde con total seguridad nació la leyenda de Hickok. El mortal encuentro se produjo contra Davis K. Tutt. Vamos a conocer ese caso de un modo muy sucinto. Merece la pena. El motivo fue una deuda económica, si bien Tutt llevaba tiempo ofendiendo públicamente a Hickok. Cabe destacar que Hickok, aún, no era agente de la ley. Se dedicaba solamente al juego. Finalmente las ofensas que Hickok recibía lo sacaron de sí y se produjo un duelo casi clásico.

En la plaza principal de Springfield y a sesentaicinco metros de distancia, aproximadamente, ambos contrincantes se situaron uno frente al otro. Según testigos presenciales, y otros referenciales, solamente se oyó un disparo, pero todos coinciden en que antes del estampido Hickok y Tutt habían desenfundado sus revólveres. La cuestión es que Tutt recibió un tiro en el pecho y Wild Bill no fue alcanzado por proyectil alguno. Aun habiendo sido percibida una única detonación, el revólver de Tutt tenía una recámara vacía: vaina disparada. Con total seguridad,  Davis Tutt erró el disparo contra su rival. Tomen nota: Tutt gozaba de gran fama como tirador de precisión. Se sabe que Hickok apoyó el cañón de su Colt Navy mod.1851 calibre .36 en su antebrazo débil, consiguiendo lo que esperaba, un disparo preciso a una distancia interesante. También es sabido que por aquella época utilizaba, en ocasiones, un revólver Colt Dragon calibre .44 y un S&W nº2 calibre .32. 

El coronel y articulista de prensa George Ward Nichols, semanas después del juicio en el que derivó el resultado del duelo (Hickok fue detenido y procesado, pero declarado inocente por aplicación de la legítima defensa), inició una serie de entrevistas que fueron publicadas semanalmente en el noticiero Harper. Ahí nació el mito.

Según se cuenta, como duelista obtuvo grandes éxitos y causó bastantes bajas. Parece que él no solía ser el primero en desenfundar, era muy astuto. Hickok confiaba tanto en la velocidad de su desenfunde y en la certeza de su tiro, que esperaba a que su adversario extrajera primero el arma. A veces incluso dejaba que su antagonista efectuara el primer disparo. Con ello conseguía que los siempre curiosos ciudadanos fuesen testigos fieles y ocasionales de que él disparaba en defensa propia. De ese modo eludía las posibles responsabilidades judiciales. Siempre gozó de mucha suerte: sus adversarios, incluso siendo los primeros en disparar, fallaban (quizá les imponía estar frente a tan mítico personaje y eso les hacía perder capacidades y habilidades) y antes de que ellos mismos se dieran cuenta ya habían sido abatidos por las armas de Hickok. Merece la pena reseñar que Wild Bill casi siempre portaba dos revólveres. Tomen nota otra vez.

Cuando trabajó para el Ejército acumuló, tras de sí, un buen número de historias que le otorgaron numerosas bajas en combate contra los indios y mexicanos. Se sabe que no todas las bajas de estas leyendas fueron contrastadas, pero desde luego muchas de las cifras son reales.

Pues bien. Este personaje tan habituado a las armas en una época en la que aquel que no fuese el mejor moría, fue, como antes se dijo, comisario en Abilene. Solamente ocupó el cargo durante ocho meses y en ese tiempo parece que abatió a muy pocas personas. Cuando finalizó su contrato como jefe de policía solamente había abatido a cinco contrincantes. Debido a su demostrada habilidad en el manejo de las armas (revólveres) y a la velocidad de su desenfunde, su reputación y fama ganaban al número de muertes que realmente había causado. La leyenda se retroalimentaba.

Él presumía de haber matado a más cien hombres a lo largo de su vida, pero a día de hoy, y con estudios muy detallados como fuente, se cree que en toda su vida no llegó a treinta finados confirmados. La prensa del momento y los novelistas alimentaban la imaginación de sus lectores, atribuyendo a Hickok, y a otros ases del momento, cientos de muertes. Tanto es así que a nuestros días nos llegan conceptos equivocados y exagerados de lo que de verdad ocurría en las calles de aquellas violentas urbes. No obstante, existe publicada una obra literaria que lleva por título, Los hombres más mortíferos de la Historia, y Hickok está entre ellos.

Parece que el último malhechor al que abatió, mientras todavía era agente de la ley, se le enfrentó a solo tres metros de distancia. El 5 de octubre de 1871, según consta, el comisario le ordenó a un vaquero que tirara sus armas al suelo en cumplimiento de una ordenanza que prohibía portar armas en la ciudad, pero el vaquero, lejos de obedecer la legítima orden policial, le disparó dos veces. El primero de sus disparos alcanzó el faldón del abrigo de Bill, no causándole heridas. El segundo tiro impactó en el suelo, justo entre los pies de nuestro protagonista Antes de que se hubiera disipado en el aire el eco de la última detonación, Hickok le disparó certeramente dos veces en el vientre, causándole graves heridas a su atacante. Pocos días después falleció por infección, causa habitual que por aquella época mataba más que las propias balas.

Mientras se producía este enfrentamiento, en el lugar se reunieron un buen número de amigos del problemático cowboy, los cuales insultaban y gritaban al comisario. Parece que esto no le hizo perder la concentración al agente durante el tiroteo. Pero entre la escasa iluminación existente en el lugar y el estrés posterior (seguro que él controlaba en parte el estrés, pero la capacidad cognitiva se deteriora siempre. ¡Siempre!), Hickok no identificó la sombra de la persona que, revólver en mano, se le aproximaba por uno de sus flancos. Quien producía la sombra fue derribado por dos rápidos disparos. Lamentablemente, la imagen oscura y reflejada pertenecía a uno de los mejores amigos del jefe de policía. Ese amigo, el agente de la ley Mike Willians, solamente trataba de llagar hasta Hickok para apoyarlo y darle protección y seguridad, mientras abandonaba el escenario del encuentro armado. Desde ese día Hickok no fue el mismo.

Wild Bill Hickok no fue el que más contrincantes mató. No fue el que más enfrentamientos mantuvo en su tiempo. Él solamente fue uno más. Pero se ha usado como ejemplo porque es un personaje conocido por todos y no solo por ser un hombre de armas y agente del orden, sino por sus otras facetas profesionales, sobre todo por su colaboración con el espectáculo más conocido del momento. Hickok, además, se salía del clásico perfil de sheriff tosco y duro. Él era educado en su hablar, pausado en sus movimientos y cortés con los ciudadanos, a veces hasta con los delincuentes.

Se sabe que el comisario era una persona odiada por unos y envidiada por otros.  Admirada por muchos. Sufrió continuas amenazas de muerte. Merece la pena destacar que la prensa lo dio por muerto en una ocasión, siendo el propio Hickok quien contactó con los redactores de la noticia para decirles que aún caminaba sobre la Tierra.

Hickok siempre tomaba precauciones. Nunca se sentaba dándole la espalda a los accesos de los lugares en los que se encontrara. Siempre iba armado, ocultando a veces su revólver bajo el abrigo. Por cierto, en una ocasión recortó el cañón de una de sus armas y modificó el abrigo para poder disparar desde debajo del mismo. Nunca entraba en zonas oscuras o poco iluminadas y tampoco era amigo de entrar en callejones. En fin, tomaba precauciones y se mantenía alerta. Pese a ello, al final murió por un disparo en la nuca y a quemarropa. La muerte le llegó mientras jugaba a las cartas, dando la espalda a la entrada del establecimiento en el que se hallaba. Quizá fue la primera vez que rompía esa norma de seguridad, quién sabe.

Su asesino le disparó con un Colt del calibre .45, y lo hizo casi desde la calle. Algunos dijeron que lo asesinaron desde el mismo umbral de la puerta del salón de juegos. Cuando Hickok se desplomó y cayó al suelo, en sus manos sostenía las cartas de la que había sido su última partida de póquer: dos pares de ases y ochos negros. Desde ese día, y hasta hoy, a tal jugada se le llama la Mano del Muerto.    

En los juzgados del Condado de Deadwood (Dakota del Sur) apareció, en la década de los años cuarenta del siglo XX, una carta que escribió el mismísimo Hickok. La referida epístola no llegó jamás a su destino: nuestro personaje fue asesinado antes de pasar por la oficina de Correos para remitirla. La misiva era la respuesta de Hickok a un admirador y seguidor de sus acciones, el cual le había preguntado, entre otras cosas: ¿cómo llegó a matar a tantos hombres? y ¿qué técnicas de tiro usaba? Lo que no se puede saber es si preguntaba por un caso concreto o por todas sus víctimas. En cualquier caso, esta fue la respuesta textual: “Levanté mi mano a la altura de los ojos, como si estuviera apuntando con el dedo… y disparé”. La carta, muy probablemente, la lleva el comisario entre sus ropas cuando falleció, de ahí que como pertenencia se custodiara en sede judicial tras instruir las diligencias por el óbito.

Y ahora, como instructor de tiro policial que soy, digo yo: ¿hay algo más natural e instintivo que eso? Cualquier humano adulto, incluso un niño con varios años de edad, controla y coordina, sin entrenamiento específico previo, los movimientos de su ojo y dedo índice y apunta con él a cualquier objeto sin demora alguna. El ser humano va aprendiendo instintivamente a hacerlo desde que nace. Siendo bebé no se consigue, pero a los pocos meses de vida todo niño sin problemas psicomotrices y de coordinación, es capaz de ir ganando habilidad en estas coordinaciones físico-oculares. Nuestra especie ha ido desarrollando estas capacidades a lo largo de miles de años, tras las sucesivas evoluciones sufridas.

El arma no es más que una prolongación imaginaria de ese dedo del que W. Bill hablaba en su carta. Si un tipo como Hickok sobrevivió a duelos, enfrentamientos como particular y a encuentros armados como agente defensor de la ley en esa turbulenta época, y usaba algo tan instintivo y tan natural, es que eso funciona. Todavía no se habían diseñado técnicas de tiro complicadas, con un pie ahí, el otro aquí, este brazo para delante y el otro para atrás. No. Señores, lo sencillo y natural, y cuanto más sencillo mejor, es lo que funciona en situaciones reales de enfrentamiento bajo estrés extremo.

 

Saquemos conclusiones del encuentro narrado:

1º. El enfrentamiento policial en esa época, como hoy, ya se daba a muy cortas distancias. Anteriormente se ha expuesto un caso concreto, pero son muchos los que se pueden rescatar de las memorias y biografías de las viejas leyendas del Far West. Otro ejemplo digno de un artículo, que ha dado para libros y películas, es el archifamoso suceso del OK Corral, con los hermanos Earp(3) y unos pistoleros muy conflictivos. Aunque lo de Tombstone (OK Corral) fue más personal que profesional, no deja de ser un encuentro armado a muy corta distancia.

2º. Pese a la escasísima distancia del enfrentamiento descrito, se fallaron disparos. El vaquero que disparó a Hickok los efectuó muy bajos, y eso que ya sabemos que en esa época la gente estaba muy habituada a tirar por diversión y en situaciones reales. En fin, que tenían gran hábito y destreza en el manejo de las armas. Pero al final —en los enfrentamientos reales— cuando te disparan y te juegas la vida, las cosas cambian mucho y se fallan disparos que parecían imposibles de errarse. De todos modos, el vaquero estaba beodo.

3º. Incluso un profesional de las armas en esa época (casi todos tenían experiencia real en enfrentamientos y buen manejo de armas) podía entrar en tal situación de estrés y descontrol, que su visión y capacidad cognitiva podrían verse afectadas. Hickok quedó atrapado por el llamado efecto túnel.

4º. Podemos ver que Hickok abatió a dos personas de forma muy rápida y eficaz, con dos disparos a cada uno. No se limitó a efectuar un tiro, y eso que estaba seguro de que lo colocaría en la zona deseada. El comisario aseguró sus blancos con dos súbitos tiros. Es lo que hoy llamamos doble tap.

5º. Muy ilustrativa y aclaratoria es la misiva hallada en los juzgados. Lo sencillo, natural y lo de fácil asimilación, es lo que mejor funciona en situaciones de estrés y tensión extrema.

6º. Hickok, tras dar muerte a aquel vaquero, recibió muchas amenazas de muerte, por ello modificó y adaptó su equipo para buscar la máxima eficacia en su empleo. Recortó el cañón de una de sus armas y diseñó un sistema de sujeción para usar el arma desde dentro del abrigo. En pocas palabras, adoptó nuevas técnicas y tácticas para sobrevivir. Por cierto, aunque poseía varias armas —como hemos visto anteriormente— sus preferidas siempre fueron los Colt Navy 1851.

7º. El estado de alerta permanente le mantuvo vivo más tiempo, aunque finalmente la muerte le llegara por descuidar la retaguardia durante aquella fatídica partida de cartas.■

 

 

(1) James Butler Hickok (Troy Grove, Illinois 27 de mayo 1837-Deadwood, Dakota del Sur 2 de agosto de 1876). Se le apodó Wild Bill (Bill el Salvaje). En una ocasión, cuando trabajaba como conductor de diligencias y mientras dormía a la luz de la luna (no era amigo de comodidades), se enfrentó al oso que atacó a los pasajeros que dormían en su carruaje. Hickok hizo frente al paquidermo y lo hirió con su machete, pero también él resultó con heridas de cierta consideración.

Su cobarde asesino estaba resentido por una partida de póquer que Hickock le había ganado con anterioridad. Jack McCall era el nombre del cobarde criminal.

(2) William Frederick Cody es el verdadero nombre de Buffalo Bill (26 de febrero de 1845-10 de enero de 1917). El apodo de Buffalo le fue puesto por su habilidad como cazador de búfalos, con cuya carne se alimentaba a los trabajadores de los ferrocarriles. Lo de Bill fue porque a un afamado cazador, así llamado, Cody le ganó una competición de caza de búfalos. Le ganó la partida y el apodo.

Fue soldado explorador del 7º Regimiento de Caballería durante la Guerra Civil. Años más tarde volvió al mismo trabajo, pero en esta ocasión en el 3º Regimiento de Caballería. Esta unidad lo contrató por su enorme experiencia en los territorios indios, pero ya no era militar. En esa segunda época, en 1872, fue condecorado con la Medalla de Honor del Congreso, pero justo después de su muerte, en 1917, le fue retirada. Tras unas modificaciones reglamentarias, a un civil no se le podía conceder dicha distinción. En 1989 la medalla le fue restituida a título póstumo.

Gracias a Cody, el Salvaje Oeste y el estilo de vida fronterizo fue conocido en todo el mundo. Montó una compañía al estilo circense. Con este espectáculo recorrió todo el país y parte de Europa, llegando a ser considerado el mayor espectáculo del mundo. Destacaban, en sus circuitos artísticos, los espectáculos con caballos salvajes de todos los orígenes: americanos, españoles, árabes, argentinos, rusos, etc.  Su habilidad con las armas era también una gran atracción, realizando exhibiciones de tiro a naipes y monedas.

Contrató al jefe indio Toro Sentado y a otros nativos americanos, sobre todo para que apareciera en sus números artísticos. Era especialmente esperada por el público la representación de la última Batalla de Custer (Little Big Horn), cuyo protagonismo asumía el propio Cody.

(3) Wyatt Berry Stapp Earp (19 de marzo 1848-13/enero de 1929) es el más famoso de todos los hermanos Earp (Virgil y Morgan), los cuales le acompañaban el día del más famoso tiroteo del viejo Oeste, el famoso OK Corral de Tombstone (Arizona). En el referido tiroteo también estaba presente su gran amigo, y desde aquel día famoso pistolero, Doc Holliday.

Wyatt fue uno de los más famosos y temidos agentes de la ley en la Frontera. Era implacable y duro ante los malhechores y tenía fama de incorruptible. Se hizo famoso por su habilidad en el manejo del revólver y su sangre fría ante los tiroteos. A veces ponía fuera de combate a sus rivales con un fuerte golpe en la cabeza. Para ello usaba el cañón de su revólver, el cual desenfundaba tan rápidamente que el golpeado ni se percataba de lo ocurrido. Quizá podamos decir que aquello era lo que hoy llamamos un arma de letalidad reducida. Tal vez esa era la ASP del momento.

Dentro de las fuerzas del orden ocupó varios cargos en diversas ciudades, llegando a tener a sus hermanos como compañeros de armas en alguna ciudad.

Ernesto Pérez Vera

Instructor de tiro (policía retirado)