El escándalo de PRISM es solo la gota que ha colmado el vaso.

Obama dijo que no era posible contar con un 100% de seguridad y un 100% de privacidad. Pero lo que está en la mesa sigue sin garantizar la seguridad, y deja la privacidad en un 0%. Debates políticos supuestamente discutidos sobre la importancia del secreto de las comunicaciones se han saltado a la ligera. Internet ha sido un azote para los gobernantes que siempre han querido apropiarse de ella (y  lo han hecho) conscientes de que era algo que escapaba a su control. Se ha conseguido magnificar a tales niveles la importancia de la seguridad nacional y la obsesión por el control que se han generado gobiernos de neuróticos capaces de saltarse cualquier normativa legal apelando a quién sabe qué amenaza. Estados Unidos es el caso más paradigmático, capaz de espiar hasta a su propia sombra con tal de guardarse ante cualquier ataque.