Hace unos días me disponía a irme de viaje en avión. Por suerte o por desgracia el viaje no era de ocio, por lo que llevaba el “chip profesional” activado. ¿Cuál fue mi sorpresa al encontrarme en el Aeropuerto de Sevilla este cartel?

Y, claro, yo que tenía activada la neurona criminológica me puse a darle vueltas, y a preguntarle a la gente que qué mensaje le trasmitía ese cartel. ¿Respuesta unánime? “No consumas drogas en el extranjero, consúmelas en España”. Bravo Sr. Fernández Díaz. Bravo Sr. Gallardón.

Ayer estuve escuchando en la televisión que un hombre, condenado varias veces por maltrato animal, podría entrar en la cárcel. Sería la primera vez que sucede en España.

Respecto a esto tengo sentimientos contradictorios, por un lado, creo que es importante que por fin, se tomen en serio que maltratar a un ser vivo es igual o más grave que a las personas. ¿Por qué? Porque si falta la empatía necesaria hacia los seres vivos, ¿cómo podemos exigirle que no dañe a otro ser humano?

Claramente, aquí radica la raíz de muchos futuros delincuentes y delitos graves, la falta de empatía, la falta de capacidad de ponerse en el lugar de otro ser vivo y ver que sufre y que no debe hacerlo sufrir. Sin embargo, ¿sólo con la pena de prisión es suficiente?