Resumen: El presente artículo tiene como finalidad el acercamiento a la figura de un delincuente sexual de adultos, el cual fue condenado a 15 años de pena privativa de libertad y se encuentra actualmente cumpliendo condena en el Centro Penitenciario Madrid IV. Para ello, nos hemos basado en la entrevista criminológica realizada al interno, así como en la revisión de las sentencias condenatorias, de las cuales se extraerán las conclusiones mostradas en apartados posteriores.

Palabras clave: Agresor sexual, prisión, Control de la Agresión Sexual, sadismo sexual, Centro Penitenciario Madrid IV

Para castigar a un hombre es necesario injuriarlo.

Para reformarlo, es necesario mejorarlo. Y los

hombres no son mejorables a través de injurias.

Bernard Shaw

I.- El fundamento del traslado de personas condenadas

Podemos definir el traslado de personas condenadas, como un instituto por medio de cual se articula una solución jurídica que permite que un Estado ejecute una determinada pena impuesta por otro Estado distinto; que implica la transferencia únicamente para dicha ejecución, obviando la competencia del Estado de condena en aras de la vinculación del penado al Estado de residencia o nacionalidad, y previo consentimiento voluntario y expreso del propio penado.

Cuando pensamos que un delincuente merece ir a prisión, en nuestra mente muchos concebimos este lugar como un sitio “terrible” donde el hecho de vivir allí , es en sí mismo un castigo (un castigo que nunca nos resulta suficiente para alguien que ha causado un daño  a otro ser humano). Incluso por nuestra mente pasan imágenes, como “mazmorras” para los delincuentes que más reproche y alarma social causan, en un intento, por otro lado lógico y humano, de apaciguar o mitigar el dolor y la indignación que la delincuencia crea no sólo en las víctimas, sino también en la sociedad.

Existe un dicho popular que reza: “dos no pelean, si uno no quiere”. Parafraseando este refrán se me ha ocurrido titular esta reflexión “Dos no debaten, si uno no quiere”, porque el debate, la contraposición de opiniones, el diálogo, requiere (más aún que en el caso de la pelea) que haya voluntad por parte de los dos contendientes.

Cuando debatimos y nos escuchan sentimos que nuestros pensamientos son importantes, que somos iguales a nuestros compañeros de debate, que somos reconocidos, que somos legitimados.

Seguridad institucional

En el sistema penitenciario mexicano, el personal médico no es el único insuficiente; os elementos de seguridad y custodia, son un factor primordial para mantener el orden y la disciplina, así como la seguridad física de los internos. Con respecto a lo anterior, la normatividad nacional e internacional no establece una tasa específica de celadores por número de reos, aunque la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido en algunas sentencias un estándar sugerido de un custodio por cada 10 internos. Sin embargo, en México, los motines, las fugas, las riñas, las lesiones, los homicidios, los suicidios, ocurridos dentro de los penales, constituyen un indicador negativo con respecto al bajo número de custodios. Para que el lector tenga una dimensión de la gravedad del problema, basta con mencionar que existen centros en los que llega a haber 1 celador por cada 71 internos (Reclusorio Preventivo Varonil Oriente), 1 por cada 63 (Reclusorio Preventivo Varonil Norte) y 1 por cada 53 (Reclusorio Preventivo Varonil Sur) (MNPT, 2008 a: 27).

Para hablar de este tipo de cárceles no hace falta que nos remontemos a los tiempos de los galeotes. Cuando hablamos en otro in albis de la fundación de Australia como una tierra de convictos, tuvimos ocasión de comentar que uno de los primeros colectivos occidentales que se asentó en aquella isla-continente fueron los presos a los que se les ofreció la posibilidad de conmutar su reclusión en Inglaterra, e incluso la pena de muerte, por la deportación a esta colonia penal, situada en el otro extremo del mundo; pensando, erróneamente, que se les trasladaba a una Tierra Prometida, de verdes prados y colinas llenas de bosques. Muchos de aquellos condenados aceptaron la propuesta de las autoridades sólo por huir de las insalubres cárceles flotantes donde se les estaba encerrando en Londres desde finales del siglo XVIII, porque los presidios británicos estaban tan hacinados que se tuvo que confinar a los criminales en viejos barcos-prisión anclados en el Támesis o en el puerto de Portsmouth, en unas condiciones que hoy en día consideraríamos como infrahumanas.

La filosofía penitenciaria trata de explicar lo penitenciario como política del Estado, busca comprender porque existe respecto de toda la vida, no sólo como parte integradora de la actividad del Estado, es decir, tiene especial interés en descubrir que sentido tiene lo penitenciario en la totalidad de lo existente, lo estudia desde  fuera estudiando sus relaciones y diferencias con otros campos de estudio: Derecho, Penología, Criminología y Psicología por mencionar algunas.

En cambio la filosofía del derecho se refiere a la comprensión de la existencia del derecho en la totalidad de la vida, entre sus grandes temas se encuentran: la definición del derecho, el estudio de los conceptos jurídicos y los valores que debe tener el derecho (axiología jurídica).

La Ilustración y sus hijos predilectos nos dejaron en herencia una base sobre la que asentar los principios que, hoy día, rigen el objetivo de la pena privativa de libertad. Haciendo un breve repaso a los pilares jurídicos y sociales en los que se sustenta el Reglamento Penitenciario1 y la LOGP2, sabemos que el objetivo de los tratamientos penitenciarios están orientados a la reinserción del autor de un delito. Los tratamientos alternativos o de carácter menos lesivo pueden ser de muchos tipos dentro de las instituciones penitenciarias o correccionales, pero existe una cuestión que no debe pasarse por alto. ¿Son útiles todos los programas alternativos?

Aunado a la sobrepoblación y al hacinamiento, el servicio médico que se brinda dentro de los centros penitenciarios, es deficiente. Carencia o desabasto de mobiliario, equipo, instrumental, insumos; plantilla insuficiente; constituyen la realidad del servicio médico dentro de los reclusorios.

En su mayoría los centros de reclusión  proporcionan atención de primer nivel[1], cuando se requiere de un servicio más especializado, los internos son trasladados a centros públicos de salud, con las limitaciones y conflictos que éstos  suponen; los internos deben esperar largos periodos de tiempo para ser intervenidos y tratados, sin mencionar que para realizar dichos traslados así como durante el tiempo que el interno se encuentra en los centros médicos, se requiere de personal de seguridad y custodia, quienes son destinados en un primer momento para velar por la seguridad de los centros penitenciarios. Cabe mencionar que han existido fugas durante dichos traslados o en los centros de salud.

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