Hace unos días, coincidiendo con la finalización del año, me dispuse a ver un documental que hasta ahora me había pasado inadvertido: “Ciutat Morta”, que así se llama el filme, y que recibió entre otras distinciones la del premio al mejor documental del Festival de Málaga en 2014.

Una vez más, una manifestación más, acabó con diversos incidentes. Según las fuentes, cinco policías heridos, varios desperfectos en el mobiliario y 24 detenciones. Es la norma, la triste norma de algo que nos estamos acostumbrando a ver con demasiada frecuencia. Y es algo que a la vez  se convierte en una dinámica más que preocupante, sobretodo cuando se trata de manifestaciones de ciudadanos que se mueven en pro de sus derechos. No entraremos aquí en la discusión sobre si las cargas policiales son en este y en otros casos legítimas, ya que eso forma parte de otra reflexión mucho más amplia. Lo que quiero en realidad es plantear hasta que punto el ejercicio de violencia por parte del estado se encuentra en proporción con las acciones que se llevan a cabo en dichas manifestaciones.