México, país conocido internacionalmente por sus altos índices de delincuencia organizada, da muestras de empezar a obtener algunos resultados en la lucha contra este tipo de delitos. Un referente claro del compromiso contra la delincuencia organizada es el estado de Chiapas, donde ésta ha llegado a ser de las más bajas de todo México.

Si la delincuencia atraviesa las fronteras, lo mismo ha de hacer la acción de la ley. Kofi Annan –que por aquel entonces aún era secretario general de la ONU– se mostró así de elocuente en el prefacio de la Convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacional; elacuerdo con el que la comunidad internacional demostró la voluntad política de abordar un problema mundial con una reacción mundial y que se firmó en Palermo –se me ocurren pocos lugares tan adecuados como la capital siciliana– el 13 de diciembre de 2000.