El administrativismo egosintónico

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Desde la psicología laboral se describen tres situaciones en las que puede encontrarse una persona en su puesto de trabajo: en una zona de confort, de desarrollo, o de aversión. En la zona de confort el trabajador se siente cómodo y seguro, con tareas rutinarias, conocidas, y capacidad para realizarlas. La de desarrollo  implica hacer algunos trabajos novedosos, partiendo de conocimientos previos pero necesitando formación complementaria o ayuda. Y en la zona de aversión ya estarían trabajos y funciones que sobrepasan nuestra formación y capacidades.

Por otra parte, desde la psicología clínica egosintónico es el término usado para referirse a un trastorno que no genera sufrimiento o malestar a la persona que lo padece, y egodistónico cuando si lo hace.

 

Volviendo al ámbito laboral, cuando las funciones que debe desempeñar una persona en su puesto de trabajo se encuentran, por los motivos que sea, más en su  zona de aversión que en las de confort y desarrollo, hay un problema a afrontar. Y esto puede hacerse con varias estrategias: mejorar la  formación, adecuación de las personas a los puestos, reorganización de funciones, etc.

Pero a veces, hay trabajadores que optan por aferrarse a las tareas de su zona de confort (aunque no sean las que debieran realizar ni las propias de su puesto), consistiendo éstas muchas veces en trabajos administrativos con los que algunos profesionales rellenan y ocupan la mayor parte de su jornada laboral.


Esto es a lo que yo llamo administrativismo egosintónico.

 

Cuando esta situación se mantiene en el tiempo, para lo que debe converger un desinterés real en modificarla por parte de trabajadores y superiores, se llega a reconocer como normal lo anormal, y como amenazante lo que debiera ser funcional.


Y las incoherencias que inevitablemente a veces emergen, con las consecuentes distorsiones cognitivas que generan, se afrontan con los más variopintos mecanismos de defensa, que van variando en el tiempo y en el espacio, pero que en el fondo no son más que autodisculpas más o menos elaboradas e interiorizadas.


Estamos así atrapados en unas distorsiones institucionales que conllevan una degradación y devaluación de los profesionales y de sus roles, útil al sistema y cómodo para muchos, por lo que nadie lo pone en duda.


Los pocos flecos de incoherencia que se descuelgan, se subliman con una actitud sacrificial para no perjudicar a nadie;  y si alguien pone esta situación en evidencia y quiere salir de la dinámica negándose a hacer lo que se lleva haciendo normalmente y por tradición, entonces es estigmatizado e incluso considerado un mal compañero.


¿Reconocemos en esos “malos compañeros” a algunas víctimas de mobbing?

 

Last modified on Monday, 24 September 2012 17:15
mª elvira faraldo

Técnico de ejecución de medidas judiciales. Soy licenciada en Criminología por la Universidad de Barcelona y licenciada en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela