Desde la psicología laboral se describen tres situaciones en las que puede encontrarse una persona en su puesto de trabajo: en una zona de confort, de desarrollo, o de aversión. En la zona de confort el trabajador se siente cómodo y seguro, con tareas rutinarias, conocidas, y capacidad para realizarlas. La de desarrollo  implica hacer algunos trabajos novedosos, partiendo de conocimientos previos pero necesitando formación complementaria o ayuda. Y en la zona de aversión ya estarían trabajos y funciones que sobrepasan nuestra formación y capacidades.