Acabemos con la aberración de la mutilación genital femenina

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[1]El pasado 6 de febrero fue el día mundial contra la mutilación genital femenina, dicha práctica aberrante consiste en la extirpación total o parcial de los órganos genitales externos femeninos o cualquier otra intervención practicada en dichos órganos por motivos no terapéuticos, se calcula que 5 niñas están siendo mutiladas cada minuto que pasa.

La mutilación genital femenina (MGF) se clasifica en cuatro tipos principales:

-         Clitoridectomía: es la resección parcial o total del clítoris y en algunos casos poco frecuentes, sólo del prepucio.

-         Escisión: resección parcial o total del clítoris y de los labios menores, con o sin escisión de los labios mayores.

-         Infibulación: es el estrechamiento de la abertura vaginal para crear un sello mediante el corte y la recolocación de los labios menores o mayores, con o sin resección del clítoris.

-         Otros: los demás procedimientos lesivos con fines no médicos pueden ser la perforación, incisión, raspado o cauterización de la zona genital.

Se calcula que 70 millones de niñas y mujeres actualmente han sido sometidas a dicha práctica en 28 países de África, además de otros como Yemen, Irak, Malaisia e Indonesia y entre ciertos grupos étnicos de América del Sur; además estas cifras están aumentando alarmantemente en Europa (donde alrededor de 180.000 niñas están en riesgo de sufrirla cada año), Australia, Canadá y los Estados Unidos, principalmente entre los inmigrantes procedentes de África y Asia sudoccidental.

Sólo en África se calcula que hay 92 millones de mujeres y niñas de más de 10 años que han sido objeto de MGF, pero son unos 140 millones las mujeres y niñas que sufren en la actualidad las consecuencias de esta atrocidad.

Quienes llevan a cabo esta práctica monstruosa la justifican entre otras razones por motivos sexuales con la finalidad de llegar a controlar e incluso mitigar la sexualidad femenina y asegurar la virginidad hasta el matrimonio (las mujeres deben someterse a una nueva y dolorosa intervención para reabrir la vagina y permitir el coito); sociológicos como un rito de iniciación de las niñas a la edad adulta para mantener la integración y cohesión social del grupo; de higiene y estéticos pues consideran que los órganos genitales femeninos son sucios y antiestéticos; de salud porque se cree que aumenta la fertilidad y hace el parto más seguro; y por supuesto, cómo no, la creencia errónea de que es un precepto religioso, pues no existe ningún precepto religioso que recoja tal práctica.

Como podemos comprobar todas las justificaciones están orientadas a someter y dominar el cuerpo y por extensión la vida entera de la mujer, sino ¿cómo se explicaría que coser los labios facilite el parto? Por lo menos son más sinceros al decir que lo hacen para acabar con el deseo femenino, el cual consideran impuro e impropio de las mujeres.

La ablación se practica principalmente a niñas y adolescentes entre 4 y 14 años (no obstante en algunos países como en Eritrea o Malí se llega a practicar a niñas menores de 1 año) y no aporta ningún beneficio a la salud de las mujeres y niñas causando daños irreparables: puede llevar a la muerte de la niña por colapso hemorrágico o neurgénico debido al intenso dolor y el trauma psicológico y el agotamiento a causa de los gritos (recordemos que estas “intervenciones” no suelen realizarse en un hospital y ni bajo anestesia sino en medio del campo y a dolor vivo), también causa infecciones agudas y septicemia; mala cicatrización; formación de abscesos y quistes; crecimiento excesivo del tejido cicatrizante; infecciones del tracto urinario; coitos dolorosos; aumento de la posibilidad de contagio del VIH/SIDA, hepatitis y otras enfermedades de la sangre; infecciones del aparato reproductor; enfermedades inflamatorias de la región pélvica, infertilidad; menstruaciones dolorosas; obstrucción crónica del tracto urinario o piedras en la vejiga; incontinencia urinaria; partos difíciles y un incremento del riesgo de sufrir hemorragias e infecciones durante el mismo y aumento del riesgo de muerte del recién nacido.

Las personas que practican la MGF son generalmente comadronas o cincuncisores tradicionales o parteras profesionales y es un servicio muy valorado socialmente y muy bien remunerado económicamente, por lo que quienes se dedican a esta actividad interfieren directamente en el prestigio de la comunidad.

Sin embargo, es preocupante que más del 18% de las MGF sean practicadas por dispensadores de atención de salud, y sobre todo que esta tendencia vaya en aumento.

La ablación genital femenina constituye una violación fundamental de los derechos de las niñas siendo una práctica discriminatoria, un maltrato basado en el género y específicamente dirigido contra menores de edad, que vulnera el derecho a la igualdad de oportunidades, a la salud, a la lucha contra la violencia, el daño, el maltrato, la tortura y el trato cruel, inhumano y degradante; el derecho a la protección frente a prácticas tradicionales peligrosas y el derecho a decidir acerca de la propia reproducción. Es una práctica que afecta a toda la humanidad pues mujeres y niñas de comunidades en diáspora corren el peligro de ser sometidas a ella, por eso debemos implicarnos todos para acabar con esta humillante, degradante y sanguinaria práctica, incluidos varones adultos y menores de edad.

 


[1] La resolución sobre la mutilación genital femenina adoptada por la Tercera Comisión de la Asamblea General de la ONU fue refrendada por el pleno de la Asamblea en diciembre de 2012. Aunque no son jurídicamente vinculantes, las resoluciones de la Asamblea General de la ONU tienen un peso político y moral considerable.

 

Last modified on Friday, 22 February 2013 11:09
Ruth Alvarado Sánchez

Doctora en Sociología, especializada en desviación social y género.

Especialista en Investigación Criminal.

Apasionada de la justicia y la igualdad.

Intentando continuar la estela de las grandes mujeres y excepcionales penalistas Doña Concepción Arenal y Doña Victoria Kent en la creencia de que el delincuente (y la delincuente) es una persona y por ello su comportamiento y sus necesidades deben ser estudiados, conocidos y de ser posible (en la medida de lo posible) dar una respuesta y solución.