Bélgica es uno de los países europeos que más han apostado por la justicia restaurativa como nuevo paradigma para afrontar los conflictos penales. Este enfoque restaurativo busca lograr una respuesta más equilibrada ante los sucesos criminales, de forma que las necesidades de las víctimas, grandes olvidadas en el proceso penal, se vean atendidas. Los programas de justicia restaurativa suelen centrarse en actuar antes del juicio, pero no una vez que el delito ha sido juzgado y el ofensor ha pasado a cumplir su pena. Sin embargo, para los autores del programa piloto “Restorative prisons” de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, los valores restaurativos pueden aplicarse a lo largo de todo el proceso penal, desde antes del enjuiciamiento hasta la fase de ejecución. Pese a parecer una contradicción en sus propios términos, las prisiones restaurativas son posibles. Este artículo es un resumen de la experiencia belga tal y como es contada por varios de sus artífices.[1]