In Albis

En anteriores in albis, ya hemos tenido ocasión de comentar algunas de las curiosas plusmarcas de la historia criminal de Gran Bretaña: sólo en el siglo XIX, William Burke inventó en 1827 un método para matar que, en su honor, pasó a la historia forense como el burking; Constante Kent asesinó a su hermanastro de 4 años en 1860, convirtiendo aquel caso en el primer crimen mediático del mundo; Percy LeFroy Mapleton fue el primer fugitivo al que se buscó mediante un retrato robot, en 1881; y el doctor Thomas Bond realizó el primer perfil criminal, a Jack el Destripador, en 1888. Casi un siglo más tarde, este país volvió a ser pionero al identificar por su ADN a un peón llamado Robert Melias, acusado de agredir sexualmente a una mujer enferma.

               En tiempos presente podemos pensar que el uso del ADN (Ácido Desoxirribonucleico) en cuestiones forenses, criminalísticas o simplemente personales siempre ha sido rutinario o común. Sin embargo, haciendo una revisión de la historia es importante señalar que esto no fue así. Son muchos los registros de casos que al requerir una prueba de ADN y no poder realizarse por razones personales, económicas o tecnológicas quedaron aparentemente en el olvido.