La pena de muerte para el psicópata como prevención absoluta del delito

December 01, 2012 13696
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Es evidente que la pena de muerte es la sanción más enérgica y longeva de la historia humana. Lo que sigue produciendo sendos debates y foros de discusión. Lo que representa diversos aspectos de análisis, como la personalidad del sujeto activo, las víctimas de delitos considerados graves, la sociedad y las instituciones oficiales del Estado. Por lo tanto las opiniones también son vertidas desde diversas disciplinas y ciencias desde la sociología a la criminología, pasando por la política, la filosofía y el derecho entre muchas otras.

Hay en el mundo muchos países que aun aplican la pena de muerte, empleando diversas formas para hacerlo desde la lapidación, el ahorcamiento, la cámara de gases y la inyección letal principalmente.

La pena de muerte ha creado polémica respecto a su aplicación, sobre todo cuando ocurren hechos que la sociedad considera atroces, es cuando la clase política se abandera del tema, proponiendo su aplicación para delincuentes “crueles”, tales como homicidas, secuestradores y violadores entre otros.

Al categorizar a los psicópatas se les concibe como individuos, “especiales” con conductas particularmente diferentes en la búsqueda de la satisfacción de sus necesidades. Se conducen mediante el ejercicio “irrefrenable de su libertad”, mediante su propio sistema de creencias, mismo que contraviene las disposiciones normativas de carácter moral y legal, además de que tienden a cosificar a las personas.

Los psicópatas actúan en circunstancias determinadas de una manera distinta en comparación con el resto de los individuos, dando la impresión de que los impedimentos normativos, que deben regir la convivencia social y que funcionan como refreno, para sujetos psicópatas no significan mayor restricción en su actuación. Los psicópatas, “se creen el centro del universo, seres superiores a los que se debería permitir vivir según sus propias reglas.” (Hare, 2003, p. 61). El psicópata conoce las reglas sociales y a pesar de ello las transgrede, manipulando el sistema, rigiéndose por sus propias reglas internas, sin embargo finge su adaptación a efecto de lograr la satisfacción del yo. Todo este cúmulo de rasgos enfocados a tal satisfacción, es distinta a las del resto de las personas.

Por la gran capacidad empática con la que cuentan, a los psicópatas les es fácil conocer las necesidades y las emociones de los otros, aprovechando esto para lograr el mayor daño posible cuando así se lo proponen. Además de que son hábiles manipuladores, por lo que las personas que conviven con el psicópata, generalmente terminan haciendo las cosas que se negaban a hacer.

El psicópata es mentiroso, utiliza la mentira para lograr su cometido. “Las emociones, (miedo, estrés, culpa) que acompañan el intento de engañar provocan cambios fisiológicos, que son involuntarios y que escapan, consecuentemente al control del individuo, pudiendo ser medidos de forma objetiva a través del polígrafo.” (Martínez, 2007, p. 120).  Empero, el psicópata controla y disimula estas reacciones fisiológicas, manipulando los resultados del polígrafo, pudiendo aparecer como inocente aun siendo culpable.

La mentira en el psicópata es especial, relajada, convincente, totalmente adaptada a la circunstancia y con la única finalidad de conseguir un objetivo, puede mentir verbalmente, pero además con su lenguaje corporal, es capaz de actuar de forma determinada durante el tiempo que estime necesario para lograr su objetivo.

Hugo Marietán (2000), afirma de la psicopatía: no es algo que se adquiere en el sentido de un trastorno que aparece en una etapa del desarrollo de la persona, sino que es algo que está desde siempre, es una manera distinta de ser en el mundo.” Son personas que no han sufrido ninguna lesión, generalmente son diagnosticadas con el síndrome de personalidad antisocial: “personas caracterizadas por un continuo comportamiento violento y transgresivo, constante irritabilidad agresiva e irresponsable indiferencia por el daño que ocasionan a otros o a ellas mismas.” (Raine citado por Bartra Roger, 2008, p. 81).

Sin embargo, no todos los psicópatas llegan a cometer delitos en el sentido estricto del concepto, algunos de estos pueden “ser trabajadores informales, empresarios sin escrúpulos, políticos corruptos o profesionistas que actúan con una carencia total de ética y que utilizan su prestigio y poder para victimizar a sus clientes a sus pacientes o a la sociedad en general.” (Ostrosky, 2008, pp. 114 y 115). Aunque casi siempre están involucrados en problemas o son los causantes de estos.

En el psicópata el “superyo” es resultado de las primeras elecciones de objeto del “ello”, conjuntamente con una enérgica formación reactiva contra las mismas. “Su relación con el “yo” no se limita a la advertencia: Así (como el padre) debes ser, sino que comprende también la prohibición: Así (como el padre) no debes ser: no debes hacer todo lo que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente reservado.” (Freud, 2003, p. 36). Éste es el sistema de refreno que permite al sujeto su adaptación a las reglas de convivencia. El “superyo” es comparable a un juez o censor con respecto al yo, es considerado como la conciencia moral. Desde la teoría psicodinámica, los daños en el funcionamiento “superyo” son defectos del psicópata en la conciencia y en el sistema moral del sujeto.

También puede existir daño yoico (dificultades para planificar, para aprender de los errores, juicio y prueba de realidad pobres, impulsividad, incapacidad para manejar situaciones complejas). Esto es lo que genera la variedad de personalidades psicopáticas existentes, pero que generalmente cuentan con las características aquí descritas. Hay una dimensión de daños yoicos a lo largo de los cuales los psicópatas varían, y a mayor daño del “yo” y del “superyo”, se está ante una probabilidad mayor de mostrar desadaptación social y la consecuente aceptación de las reglas de convivencia, pudiendo cometer actos criminales.

Los psicópatas que “no son individuos “frágiles”. “Lo que piensan y hacen es consecuencia lógica de la estructura de una personalidad sólida como una roca, extremadamente resistente a la influencia exterior.” (Hare, 2003, p. 253). El psicópata, no se angustia pero puede llegar a generarla a las personas que le rodean, es muy hábil para sumirle en la experiencia de la angustia.

Por otro lado el “superyo”, anatómicamente  pudiera situarse en la corteza prefrontal, misma que al tener una disfunción que imposibilite una adecuada conexión neuronal con el sistema límbico, hace imposible que alguna psicoterapia sea efectiva, los psicópatas no buscan ayuda por su cuenta, generalmente son obligados por una orden judicial o se les impone como condición para obtener un beneficio de libertad anticipada (en el caso que se encuentren en prisión), el psicópata una vez en terapia se limita a cumplir con las formalidades de la psicoterapia, las relaciones interpersonales que se requieren para el éxito terapéutico, carece de valor intrínseco para él. “Los psicópatas no sienten que tienen problemas emocionales o psicológicos y no ven razón para cambiar su conducta para adaptarse a unos estándares  sociales con los que no están de acuerdo.” (Hare, 2003, p. 252). Además el psicópata se caracteriza por tener la habilidad de esperar el tiempo necesario para lograr sus objetivos. 

Un psicópata recluido en prisión por ser asesino serial o violador serial, aunque sea sometido a alguno de los tratamientos psicoterapéuticos actuales, no logrará la “sanación” que se busca en él. Por lo tanto en sentido metafórico, cuando un órgano deja de contribuir a la autoconservación y a la recuperación del organismo, hace que éste degenere. En este sentido, “el fisiólogo exige que se extirpe la parte degenerada, aísla del resto lo degenerado y no siente la más mínima compasión por ello.” (Nietzsche, 2005, p. 79).

En Colombia actualmente se encuentra recluido Alfredo Garavito, considerado como el psicópata que más niños ha asesinado, éste interno se encuentra ante la posibilidad de alcanzar un beneficio de libertad anticipada, porque a la luz de aquella legislación ha cumplido a cabalidad con los requisitos propios para lograr la libertad, lo que permite conocer de manera práctica, como los psicópatas son capaces de lograr sus objetivos con la paciencia necesaria para ello y la manipulación del sistema.

Por lo tanto como lo señala el jurista Ramírez Delgado la aplicación de la pena de muerte es viable para algunos delincuentes, a los que debe aplicarse la pena individualizada, considerando todos los aspectos de su personalidad, los factores criminógenos internos y externos, el contexto en que se surgió el delito y en general contemplar todos los datos científicos necesarios que permitan considerar la psicopatía del sujeto activo del delito.

En la antigüedad la pena de muerte era presentada como un espectáculo público atiborrado de morbo “…se aglomeraban en rededor del cadalso para poder apreciar mejor la ejecución del condenado y, en ocasiones hasta para disputarse alguna prenda del mismo que se conservaban como recuerdo o como amuleto.” (Ramírez, 2002, p. 60). Pero ahora bajo un enfoque de “humanidad”, se busca su abolición total en el mundo. Aunque existan muchas personas inocentes viviendo con miedo por los actos criminales que los psicópatas  despliegan contra la sociedad.

 

Conclusiones

Se elevan voces argumentando la abolición de la pena capital, empero, el encierro de los psicópatas no garantiza la tranquilidad social y menos aun, cuando están en posibilidades de obtener su libertad anticipada por manipulación del sistema penitenciario.

Con la aplicación de la pena de muerte no se pretende que disminuyan los índices delictivos, concretamente se busca que el psicópata como potencial delincuente ya no ocasione más daños con su actuación delictiva.

El efecto intimidatorio de la pena de muerte se lo otorgaría, la rapidez con la que se aplique la pena mediante procesos orales sumarios. Lo que implica también la comisión de errores por la premura de las actuaciones de acusación y defensa.

Por todos los argumentos a favor y encontrar de la pena de muerte, la sociedad se encuentra dividida pues algunos de los aspectos que llevan a favor de la su aplicación es el pragmatismo con el que lo abordan, pero existen también aspectos morales que quienes están en contra señalan.

Mientras no se desarrollen tratamientos efectivos, los psicópatas criminales estarán condenados a prisión perpetua, aunque cabe resaltar, que esto depende del sistema jurídico de cada país, ya que en el caso de México no existe la pena de muerte, ni la prisión perpetúa, lo que no impedirá que se deje en libertad a psicópatas para que sigan delinquiendo.

Si no es posible modificar la conducta de los psicópatas y evitar su reincidencia, la pena de muerte surge como alternativa para la prevención absoluta del delito, no se trata de que dicha prevención se extienda a otros criminales, sino que previene de manera absoluta que el criminal condenado a la pena capital vuelva a delinquir, de aquí de se requiera de la aplicación individualizada  de la pena de manera inexorable.

La aplicación de la pena de muerte en nuestro país requeriría de una reconstrucción estructural del sistema de administración y ejecución de justicia, de lo contrario ningún argumento es viable, cuando las instituciones responsables de imponer y ejecutar la pena de muerte, carecen de la esencia orgánica para funcionar en este sentido.

 

Referencias

  • Bartra, Roger. (2008). Antropología del cerebro. México: FCE.
  • Freud, Sigmund. (2003). El Yo y el Ello y otras obras. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Hare, Robert. (2003). Sin conciencia. Barcelona: Paidós.
  • Marietán, Hugo (2000). Desde la clínica: descriptor de rasgos psicopáticos. I Congreso Virtual de Psiquiatría 1 de Febrero - 15 de Marzo 2000 Disponible en: http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa33/conferencias/33_ci_b.htm. Consultado el 16 de julio de 2012.
  • Martínez Selva, José María. (2007). La psicología de la mentira. México: Paidós.
  • Nietzsche, Friedrich. (2005). Ecce Homo. México: Éxodo.
  • Ostrosky-Solis, Feggy. (2008). Mentes asesinas. La violencia en tu cerebro. México: Quo.
  • Ramírez Delgado, Juan Manuel. (2002). Penología. Estudio de las diversas penas y medidas de seguridad. México: Porrúa.
Agustin Salgado

Licenciado en Derecho con Estudios en Psicología Educativa