"Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar. Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia". Julia Conesa

Al finalizar la guerra los juicios sumarísimos, las detenciones, las torturas y las ejecuciones estaban a la orden del día y a pesar del comunicado oficial donde se decía que aquel que no tuviera delitos de sangre no sería condenado a la pena capital fueron muchos los españoles (sobre todo mujeres) para los que esta afirmación resultaría una cruel falacia.