Hace algunos meses, cierto político, imbuido por el espíritu de la (mala) conciencia o la necesidad de honestidad (o quizá ya en campaña electoral, aún no lo tengo del todo claro…), declaró su admiración, en forma de paga anual, por todas las mujeres de su comunidad, mujeres que lucharon por la democracia en nuestro país durante los terribles años de la dictadura y entregaron su silencio, sus lágrimas y su dolor para que la democracia llegara.