Hoy a 40 años del inicio de las desapariciones, torturas y muertes de muchos chilenos a manos de los aparatos estatales con que el régimen autoritario comandado por Pinochet quiso aniquilar a toda persona que estuviera contra sus ideas dictatoriales, la televisión en un acto tardío, nos muestra las imágenes ayer vedadas. El horror y la indignación las une en un vínculo indeleble, con independencia de los programas en que se insertan y del énfasis temático que cada director ha intentado con ellas. Todas proyectan la barbarie desatada, como si obedecieran a un guión de fondo, de un historiador anónimo que desea describir de forma gráfica, los cruentos hechos provocados por el golpe de Estado, a través del cual se pisoteo la institucionalidad. Muchas son difusas, pero tienen la valía de rescatar partes de un mosaico terrible, en que sobrecoge el desprecio por lo humano.