Hoy doy a conocer una sentencia del Tribunal Supremo (TS) que debería ser conocida y recordada por miembros de la judicatura, jefes policiales, políticos y periodistas. La sentencia STS 6011/1994 emitida por la Sala de lo Penal del alto tribunal, magistrado ponente Excmo. Sr. don Justo Carrero Ramos, es para chuparse los dedos, como decimos en mi pueblo. La resolución me llega de la mano de José Moreno, amigo y compañero del Cuerpo Nacional de Policía (CNP), persona experimentada y comprometida. Gracias, Pepe. ¡Ah!, lo sé; esto es más de lo mismo, pero así debe ser hasta que todos los actores tengan las cosas claras.

Hablando con propiedad, el mal llamado robo necesario, miserable o famélico se denomina eximente de estado de necesidad y se regula en el Art. 20.5° del Código Penal español. Este precepto señala que está exento de responsabilidad criminal [lo que no excluye la correspondiente responsabilidad civil (Arts. 118 y 119 CP)]: El que, en estado de necesidad, para evitar un mal propio o ajeno lesione un bien jurídico de otra persona o infrinja un deber, siempre que concurran los siguientes requisitos: 1) Que el mal causado no sea mayor que el que se trate de evitar. 2) Que la situación de necesidad no haya sido provocada intencionadamente por el sujeto. 3) Que el necesitado no tenga, por su oficio o cargo, obligación de sacrificarse. En la jurisprudencia española, este concepto del robo famélico sólo aparece en dos únicas resoluciones de todo nuestro amplio repertorio.