Se considera al poder político como responsable directo de mantener la seguridad pública, empero, no es sólo responsabilidad única de éste, la sociedad ha olvidado que las personas que actualmente ostentan dicho poder, son servidores de la sociedad, que en ocasiones actúan de manera irresponsable contra la criminalidad, la sociedad por medio de sus instituciones ha dejado de ejercer su función en la formación de sujetos, que se inspiren en la vida y no en la muerte para alcanzar sus logros, sujetos que carecen de  toda empatía hacia sus semejantes, los delincuentes son “hijos de la sociedad”, hijos que no han tenido la debida atención temprana y que se convierten en sujetos nocivos de su propio origen: la sociedad.