Ruth Alvarado Sánchez

Ruth Alvarado Sánchez

Doctora en Sociología, especializada en desviación social y género.

Especialista en Investigación Criminal.

Apasionada de la justicia y la igualdad.

Intentando continuar la estela de las grandes mujeres y excepcionales penalistas Doña Concepción Arenal y Doña Victoria Kent en la creencia de que el delincuente (y la delincuente) es una persona y por ello su comportamiento y sus necesidades deben ser estudiados, conocidos y de ser posible (en la medida de lo posible) dar una respuesta y solución.

Cada vez que lees un periódico, ves las noticias en la televisión o las escuchas en la radio siempre hay crónicas de algún político o algún famoso que tiene problemas con la justicia: evasión de capitales, fraude fiscal, apropiación indebida, falsedad documental, malversación, prevaricación, tráfico de influencias, cohecho, estafa procesal, blanqueo de capitales y un largo etcétera, incluso sobornos y chantajes de por medio.

[1]El pasado 6 de febrero fue el día mundial contra la mutilación genital femenina, dicha práctica aberrante consiste en la extirpación total o parcial de los órganos genitales externos femeninos o cualquier otra intervención practicada en dichos órganos por motivos no terapéuticos, se calcula que 5 niñas están siendo mutiladas cada minuto que pasa.

La mutilación genital femenina (MGF) se clasifica en cuatro tipos principales:

Un nuevo acto de violencia salvaje asalta las portadas de los periódicos, abre telediarios y sacude nuestras conciencias, y de nuevo es una violación, también en grupo (los agresores) pero esta vez en un país del primer mundo (México) y esta vez a un grupo de mujeres que al igual que Jyoti Singh Pandey creían estar a salvo de esta barbarie por estar acompañadas de hombres, pero de nada sirvió y fueron cruel y brutalmente vejadas en la seguridad de su refugio vacacional.

Una de las noticias que sacudió el final de año fue la brutal violación de una joven a manos de seis hombres en un autobús en la India, después de horas de salvajismo simplemente tiraron su cuerpo del vehículo en marcha y esperaron que muriera; tras días luchando por su vida, su pequeño cuerpo destrozado no pudo resistir más y se unió a un corazón, un alma y unos sentimientos que ya habían matado.

Después supimos que no era el primer caso, que días antes otra niña se había suicidado tras no soportar la violación y el posterior trato recibido por las autoridades. Con esta crónica vinieron otras más plagadas de datos alarmantes: violaciones cada pocos minutos, inmunidad casi plena de los responsables, desprecio de las autoridades a las víctimas.... y todas estas noticias nos alarmaban y escandalizaban pero bueno... sucedían lejos, en países en vías de desarrollo, poco democráticos y que no conciben a las mujeres como personas iguales y con derechos.

También esta semana pasada las personas con discapacidad en nuestro país se han echado a la calle exigiendo al gobierno que deje de recortarles no sólo su dinero sino también sus derechos, una manifestación multitudinaria y asombrosa por lo poco corriente, ya que nunca antes lo habían hecho, al menos no juntos, uniendo sus voces en un solo clamor.

La manifestación de las personas que sufren discapacidad y de sus familias tiene un trasfondo más doloroso y real que aquel que se nos quiere hacer ver, porque esta protesta masiva no es sólo por dinero y recortes, que también evidentemente, esta protesta se sitúa en el plano de la pérdida de derechos cuando se nace.

Esta pasada semana nuestras conciencias se vieron sacudidas por la espantosa desgracia sucedida en un pequeñito pueblo de Albacete, una pedanía llamada El Salobral, donde un individuo mataba a una niña a la que decía querer y a un hombre que estaba en la calle; y que luego, cobardemente, se ha quitado su miserable vida tras horas de infructuosas negociaciones (infructuosas porque sin su “obsesión” en el mundo ¿qué le retenía en él?, no había más salida que la muerte).

El último eslabón en la cadena de teorías que tratan de explicar el comportamiento criminal femenino nos conduce hasta el supuesto evidente final de la conducta delictiva: el encarcelamiento de los delincuentes.

Todo encarcelamiento produce una serie de efectos en la persona que sufre este proceso y la mujer no va a librarse de ellos.

TEORÍA DEL CONTROL SOCIAL

Mientras que los enfoques hasta ahora vistos no se han cuestionado la participación política del Estado en la definición de la criminalidad, un actual y amplio sector de criminólogos han tratado de dar una nueva perspectiva centrando su interés en la problemática del control social ejercido por el Estado a través de sus distintas instancias formales.

Los enfoques funcionalistas se basan en la teoría del rol que defiende la importancia de la socialización diferencial entre hombres y mujeres a la hora de desempeñar sus roles respectivos y, por ende, de explicar su conducta, rechazando de esta manera el determinismo biológico-individual.

A mediados del siglo pasado las explicaciones sobre la delincuencia femenina dejaron atrás una resistente defensa de las teorías biológicas que se iba tiñendo tímidamente con pinceladas sociales para entrar de lleno en teorías marcadamente sociales; estas teorías aparecieron en los años setenta y fueron en parte el reflejo de la influencia de los presupuestos defendidos por el Movimiento de Liberación de la Mujer, así como de las organizaciones que se ocuparon de la defensa de los Derechos Humanos.

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