La prensa, la justicia y la sociedad necesitan conocer los valores restaurativos

September 05, 2012 4323
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“Cerco a José Bretón, el padre de Ruth y José, los niños desaparecidos en Córdoba hace más de once meses. Los informes en los que ha trabajado el Instituto Nacional de toxicología y de la Universidad Complutense de Madrid han revelado que los huesos hallados en la finca de las Quemadillas son humanos. De esta forma, los expertos coinciden con los análisis de los otros dos informes encargados por la familia materna que apuntaban que los restos eran humanos, contradiciendo así el primer informe realizado por una técnico de la Policía científica en noviembre de 2011 y que afirmó que eran de animales”.

Estas son algunas de las muchísimas noticias que se pueden encontrar acerca de los niños desaparecidos y su más que posible asesinato, a manos de su padre. La verdad es que me estaba resistiendo a escribir sobre este crimen tan horrendo, porque ya los medios de comunicación están suficientemente saturados con esta historia, sin embargo, me he decidido para tratar de dar una visión complementaria de este caso que tantas “ampollas” ha desatado. No voy a entrar en cual ha sido el error, más bien creo que lo ocurrido demuestra un fallo de protocolo o del sistema, más que el fallo personal de una técnico de la policía científica pero lo cierto es que se ha estado desde noviembre pensando que los niños no estaban en esa hoguera, y aunque en estos momentos esto ya carece de importancia para nosotros, quizá no tanto para la familia de los niños.

De este asunto, me espanta el tratamiento que del caso han hecho los medios, día tras día. Entiendo que la prensa  debe informar, máxime si se trata de un delito como este, que ha creado tanta alarma social ¿pero no debería haber un límite? Supongo que dedicar media mañana a hablar de crímenes terribles y de asesinos “vende”, sino no lo harían, tal parece que nos gusta regocijarnos en la maldad de alguna persona. Sin embargo, creo que debería pensarse en las victimas, en los familiares de los niños que no pueden ir atravesando las distintas etapas del duelo, si en cada momento ven que se está hablando de sus seres queridos fallecidos.

Nos deberían preocupar las victimas cuyo dolor es grandísimo y que además se aumenta con la constante información sobre el caso y el presunto asesino. No tienen ni un segundo de respiro y esto no ayuda en nada, a generar cierta “paz” en sus almas tras los trágicos sucesos que se han ido desencadenando.

Precisamente la Justicia Restaurativa lo que trata es de atender las necesidades de las víctimas y claramente no se las hace nada bien teniendo a los medios hablando del porqué de su dolor y de cómo ocurrieron los asesinatos. En cuanto al presunto asesino, este ni ha reconocido los hechos, ni ha mostrado su arrepentimiento y además parece no tener escrúpulos, en este caso la justicia restaurativa no puede hacer nada por este criminal. Pero lo que sí podemos hacer es no convertirlo en una estrella mediática, si nos paramos a pensar, todas las noticias hablan de este presunto asesino, de si estaba o no nervioso con la policía, de cómo es su carácter, de si está o no loco, y de cuantos años de condena le pueden imponer. Sin embargo, echo en falta, como defensora de la justicia restaurativa y de un tratamiento más humano de los delitos, y del dolor de la persona, alguna referencia a las victimas. Claro, referencias que no sean ahondar más en su trauma y dolor, ¡no! en lugar de ¿Cuántos años le pueden caer? Nadie parece querer preguntarse ¿cómo podemos ayudar a las víctimas? ¿Qué podemos hacer para que esa madre pueda llevar el duelo de la forma más digna posible? Sin querer, estamos dando protagonismo una vez más a un presunto asesino, dando a un “narcisista” lo que más anhela: que hablen de él y como siempre dejando en un segundo plano a las personas que están sufriendo y que han sufrido en primera persona el delito: las victimas.

Con todo esto generamos más odio, más deseos de venganza no solo en las víctimas (que serían algo normal) sino en la sociedad, que también ha sido victima indirecta del dolor y la agonía de una madre durante once meses, sin saber si sus hijos estaban vivos o muertos.

Y esto siempre lleva a lo mismo, la indignación de la comunidad porque las penas no son suficientes, y la petición de cadena perpetua, aunque seamos realistas ¿Qué condena sería adecuada y proporcional para un padre que presuntamente asesinó a sus hijos para vengarse de su mujer?. La Justicia Restaurativa no es que sea blanda con estos delincuentes, al contrario lo que ocurre es que esta justicia parte de la base que no podemos poner en una balanza el asesinato de dos niños inocentes y a partir de ahí encontrar un castigo justo, proporcional y equitativo para su presunto asesino. Ni siquiera “matándole”, se podría decir que se ha hecho justicia porque la vida de dos niños es más digna de respeto y consideración y con la muerte de su asesino, estaríamos dando a entender que se pueden equiparar ambas vidas (esto sí sería totalmente injusto)

Entonces ¿qué nos queda? Para mi, la primera lección la ha dado la madre, al no dar el gusto al padre de sus hijos y además su presunto asesino, de verla hundida, el hecho de que no haya conseguido lo que quería, es un triunfo de la victima por encima de la maldad del asesino. No hay que olvidar que los niños han sido un triste “instrumento” utilizado para dañar lo más posible a esta madre. A partir de ahí, la justicia decidirá su castigo, y no nos engañemos, el castigo muy probablemente para las victimas nunca les resultará suficiente porque no se puede restaurar el daño (los niños no van a volver) pero si podemos ayudar a los familiares y a la madre a restaurar su alma y su corazón roto. No es utópico, es posible y podemos poner como ejemplo Noruega, de este tema ya hablé la semana pasada y es claro como allí han encontrado la forma de restaurar el corazón de las víctimas de Breivik.

Es un camino complicado pero es el acertado y para esto lo deseable sería que los medios hablaran menos del tema o un poquito menos del asesino y pensaran más en la víctima y que quizá lo que escucha, no la ayuda en absoluto. Dicho esto, creo que también tenemos que empezar a darnos cuenta que tenemos a los niños un tanto desprotegidos. Este un caso extremo de violencia doméstica. Pero todos conocemos personas separadas o divorciadas, cuyos hijos se han convertido en el “arma perfecta” para dañarse el uno al otro (niños alienados y manipulados, padres que solo se hablan a través de sus hijos…) en definitiva, niños utilizados al antojo de uno o los dos progenitores. Nos olvidamos a veces que nuestros hijos no son de nuestra propiedad, son seres humanos y además más vulnerables ante las manipulaciones de sus padres. Igual la solución para intentar que estos casos no vuelvan a suceder, sería la prevención en la familia, y el fomento de la igualdad, (que tanto el marido como la mujer son iguales y dignos de poder cuidar y encargarse de sus hijos). También es momento para que el sistema busque formulas para detectar esta instrumentalización de los hijos y las ponga freno, al fin y al cabo de esto trata la justicia restaurativa, de proteger a los más débiles y vulnerables: los niños. A veces estamos tan ocupados en defender a una clase de víctimas o potenciales víctimas, que nos olvidamos de otras que pueden llegar a sufrir aun más el daño y marcarlos para toda la vida: los niños. Un ejemplo claro de esto es la excesiva protección que se da la mujer maltratada en la ley y el casi olvido de los hijos. Aunque la justicia restaurativa no es la panacea de los problemas y de la criminalidad, si puede prevenir otras posibles conductas violentas, ayuda al infractor (en este caso no es posible porque no tiene remordimientos pero en otros muchos si sería viable) y sobre todo ayuda a las victimas a entender su torrente de sentimientos encontrados y negativos, en aras a conseguir un poco de paz consigo mismas.

Como dijo Buda: “el odio no disminuye con el odio. El odio disminuye con el amor”. Y es que Sartre tenía claro que para que alguien que ha sufrido pueda sanar, necesita recuperar los pensamientos positivos y así decía:

Basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera”.

 

Last modified on Thursday, 13 September 2012 21:24
Virginia Domingo

(Burgos, 17 de mayo 1975)

Soy periodista frustrada, estudié derecho, por defecto  y a pesar de todo,  me gustó. Fui durante más de ocho años  Juez Sustituta, lo que me hizo ver la realidad de la justicia y  su falta de humanidad, así llegué en el 2004 a la Justicia Restaurativa. Actualmente soy la coordinadora del Servicio de Mediación Penal de Castilla y León (Burgos) y presidenta del Instituto de Justicia Restaurativa-Amepax ( la entidad que proporciona este servicio). Soy experta y consultora internacional en Justicia Restaurativa. Mediadora Penal y Presidenta de la Sociedad Cientifica de Justicia Restaurativa. Miembro del Comité de investigación del Foro Europeo de Justicia Restaurativa, participo regularmente en las reuniones de este Foro y he ofrecido varias charlas a nivel internacional, asimismo he realizado diversos trabajos de investigación sobre Justicia Restaurativa y mediación en materia penal. Y sigo luchando porque se regule la Justicia Restaurativa como un derecho más para las victimas de cualquier delito con independencia del lugar donde lo sufran.

 

www.justiciarestaurativa.es/